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Violencia e intimidación

Publicado por Joan Montane sábado, 22 de noviembre de 2008

¿Es importante tratar de discernir si en un abuso sexual se produce violencia e intimidación?
El sentido común nos dice, al menos a quienes hemos pasado por ello, que esta discusión no tiene demasiada importancia. El acto en sí mismo ya es lo suficientemente grave como para andar buscándole tres pies al gato. Sin embargo la ley sí hace esta distinción, y no es lo mismo un abuso sexual donde hay violencia e intimidación que otro donde no haya.

Cuando hablamos del abuso sexual infantil, la mayoría de la gente imaginará a un ser despreciable que, posiblemente, habrá hecho uso de la violencia y la intimidación. En todo caso nadie duda que se trate de un maltrato físico o psicológico, o ambos a la vez. Sin embargo pueden darse diferentes relaciones donde la violencia, así como otras formas de intimidación, adopte un perfil un tanto equívoco, aunque no por ello menos efectivo.

Para cualquiera de nosotros es extremadamente complicado explicar muchos aspectos relacionados con el abuso que padecimos. Muchos debemos enfrentarnos con preguntas que, no sólo quisiéramos que satisfagan a un hipotético interlocutor interesado, sino que nos satisfaga a nosotros.

Yo era de los que hasta hace poco tiempo pensaba que mi caso estaba exento de violencia e intimidación, lo cual, no hacía sino que incrementar mi sensación de culpa. Si eso es tal como lo escribo ¿por qué no lo impedí, entonces? ¿Por qué no hice algo? ¿Por qué no impedí que sucediera? La lista de interrogantes es muy larga. Cada cual tiene su particular pregunta sin respuesta: ¿por qué me traicionó mi cuerpo y sentí placer? ¿Por qué seguí permitiéndolo a los 16, 18 ó 20 años?

Aunque nadie en sus cabales ponga en duda que el abuso sexual infantil es condenable tanto social como penalmente, en mi caso particular, por más execrable que pudiera parecer la conducta de mi padre, no puedo eliminar por completo la posibilidad de que alguien imparcial dilucidara que, en mi caso, no hubo violencia ni intimidación. A fin de cuentas es algo que se contempla en un juicio. Y es que yo era el primero que siempre lo creí. No es fácil encontrar el modo de explicar lo que no hemos sido capaces, tan siquiera, de asumir como algo que nos sucedió en la niñez.

Es muy importante analizar este asunto con detenimiento, sobre todo ahora que hemos hecho mención de las connotaciones penales a las que está sujeto el abuso sexual y la relación existente entre éste y la agravante añadida de la violencia y la intimidación.

Nunca formó parte de mis prioridades la denuncia de estos hechos. De hecho nunca me lo planteé. Pero aunque hubiera sido mi caso, de poco me hubiera servido, ya que el delito prescribió hace tiempo. No obstante, considero de suma importancia aclarar y delimitar como se llevó a cabo el abuso sexual y si éste estuvo agravado por actos de violencia e intimidación, fueran estos cualesquiera que sean.

Cuando se utilizan los términos violencia e intimidación se suele investigar en que grado afectaron y si fueron degradantes y vejatorios.

El enfrentamiento siempre fue difícil. Yo siempre hubiera querido contestar que hubo violencia, que hubo intimidación y que ambas fueron degradantes y vejatorias. Pero la realidad que yo concebía hasta no hace tanto tiempo me hacía pensar que la definición era otra. ¿Realmente era así? Hoy tengo una percepción radicalmente distinta.

En la definición de violencia, si consultamos cualquier enciclopedia, se nos habla de violar y de violentar. Ambos casos se adaptan perfectamente a nuestra realidad. Y también a la mía en particular.

Degradar implica arrastrar a alguien a un nivel moral muy bajo, lo cual creo que también nos afecta a la mayoría de un modo innegable.

Vejar se define como humillar gravemente, mencionándose asimismo el abuso de poder, lo cual encaja a la perfección en mi caso y supongo que también en el de todos los abusados.

En definitiva, y atendiendo a estas definiciones, puedo concluir que en mi caso hubo violencia y que esta fue degradante y vejatoria.

En lo tocante a la intimidación todavía me parece que es más incuestionable. La intimidación se define como el estado de quien está atemorizado, lo que en mayor o menor grado nos pasó a todos. De no ser así, no hubiéramos permitido que ocurrieran los abusos. También se habla en las definiciones de asustar o amedrentar, lo que equivale a un estado en el que nos vemos incapacitados para hacer frente a una realidad para la cual carecemos de capacidad, entendimiento y recursos, situándonos en una posición de inferioridad o desvalimiento frente al presunto agresor. Otra realidad irrefutable para casi todos.

En cuanto a sí fue degradante y vejatoria, creo que basta con aplicar los mismos razonamientos ya esgrimidos en el tema de la violencia.

Por tanto concluyó que en mi caso también hubo intimidación y ésta fue vejatoria y degradante. Otra cosa será que mis reflexiones se interpretaran de igual forma si llegara a los tribunales. Desgraciadamente, como decía, me temo que no.

6 comentarios

  1. Graciela Says:
  2. lo permiten a los 18, 38...hasta que pueden salir del círculo que se crea.
    Las preguntas por las que deben pasar Joan!!!...o bien las respuestas...es tan complicado.
    En el caso de un familiar son determinadas interrogaciones, de un persona externa al hogar: te gustaba???, usabas pollera corta???, seducías???...tal vez debería ser juzgado por un tribunal especial???...no lo sé.
    Pero imagina a un/a adolescente ante ésas preguntas, peor un niño. Saludos tesoros!!!

     
  3. Mery Jane Says:
  4. Considero esas dudas normales Joan, lo que yo he visto más frecuentemente son las consecuencias de la violencia doméstica, lo que se llama maltrato físico a terceras personas. Y ahí los profesionales sanitarios SÍ que podemos denunciarlo aunque la víctima no quiera denunciar porque pruebas haylas de sobra siempre...el caso es que tenemos protocolos de actuación porque aportamos pruebas importantes.

    Pero ante una situación de abuso sexual infantil es más complicado porque tiene que ser el propio niño el que acuse a su abusador; y en casos como el tuyo y tantos y tantos niños, se trata de denunciar a vuestros propios padres, con todo lo que eso significa...eso es muy difícil. Desde mi ámbito, el sanitario, SI que se pueden aportar y se aportan, pruebas de un abuso físico continuado, siempre y cuando la víctima se deje explorar, claro está...que esa es otra...

    Desde el punto de vista de un niño...normalmente tiende a esconderlo, precisamente por el tema de la intimidación y la vergüenza que eso supondría para el padre o la persona que lo realiza.

    Joan, yo soy enfermera, y sé de sobra por experiencia profesional que los niños necesitan un trato especial para todo, y el tema de denunciar esto es muy complicado porque siempre tiene que haber alguien a quien se lo cuenten, una persona adulta que lo denuncie y que le apoye en todo el proceso.

    ¿Sabes?El lunes mismo miraré si hay algún protocolo a nivel sanitario al respecto, me ha entrado una enorme curiosidad al respecto.

     
  5. nurimoon Says:
  6. En apoyo a la campaña de este año, me he unido en mi blog, y como madre mi compromiso es guiar a mis tres pequeños en no confiar en nadie y que esten atentos a lo que no es normal. Pero es increible, pensar que no puedan confiar ni en su familia tan cercana como lo cuentas de un padre!!! Perdón pero no tengo palabras para un acto tan despreciable y vil de violencia a un hijo de su propio padre.
    Que grande por ti de poder externarlo y saber salido adelante.
    Un gran abrazo.
    Y acá en México las leyes son una porqueria tambien en casos de pederastras. Deberian cortarsela.!!

     
  7. Joan me sorprende con su valor y honestidad al hablar de su caso. No todos tienen ese arrojo de hacerlo por vergüenza tóxica y todo el rollo emotivo que siente el abusado.

    Admiro la valentía de este amigo español y pido a Dios que sus heridas del alma sean sanadas y pueda perdonar a quien le hizo daño.

    Creo que en todo abuso sexual hay violación y vejación, pues el abusador hace uso del engaño para abusar y veja la dignidad del niño al acosarle usando el poder que tiene sobre el pequeño.

    Como dijera Alice Miller, el niño abusado sufre más que el recluido en un campo de concentración, pues este siente la libertad y el apoyo de otros recluidos a odiar al victimario, mas el niño se siente culpable al odiar a alguien a quien ama o quiere por ser casi siempre alguien de su familia cercana quien le abusa.

    Pido por todos los niños que hoy están pasando por ese campo de concentración y por todos los adultos que han pasado por allí.

    Un abrazo y bendiciones para todos.

     
  8. JoanMontane Says:
  9. Esas preguntas, Graciela, suelen aparecer cuando se denuncia un caso. Aparecen en la familia, en los juzgados... en fin, uno a veces no da crédito a según qué situaciones.

    Imagino que habrás visto muchos casos Mery Jane, pero a veces no es tanto un problema de protocolo, o incluso de leyes. Ahora estoy sobre la pista de algo que en su momento veremos qué es lo que se puede hacer. Cuando la madre descubre que su hija está siendo abusada por su pareja, ante la denuncia sólo encuentra puertas cerradas y que se ponga en duda su estado mental y que la menor tenga que seguir viendo al padre por orden judicial, entonces es que algo no va bien. Y está muy claro qué y quienes componen ese "algo". Pero son torres muy altas...

    Desgraciadamente, nurimoon, en España no podemos dar mucho ejemplo por ahora respecto de las leyes ni de su efectividad, pero esperemos que eso cambie lo antes posible.

    Hola de nuevo J. Enrique. También es cierto que antes de ese supuesto "valor" tuve mi particular vía crucis, como la mayoría. A veces pienso que ojalá lo hubiera hecho antes, pero bueno, todo tiene su momento, y se ve que este era el mío.

    Un abrazo a tod@s.

     
  10. Flooding! Says:
  11. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.  

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