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El abuso sexual infantil y el perdón

Publicado por Joan Montane martes, 18 de noviembre de 2008

Siempre que hablamos entre mis compañeros sobre la posibilidad de perdonar a nuestro agresor surgen opiniones encontradas. Vivimos en una cultura donde el perdón tiene un rango casi mágico. Muchos consideramos, sin embargo, que el perdón no tiene porque ser un acto imprescindible para acceder a una vida plena. Podemos hacerlo con la conciencia tranquila, sin tener que pasar por el "peaje" del perdón.

Me cuesta verme rebosante de magnanimidad y otorgando el perdón a mi agresor, como si fuera un rey que nombra caballero a un vasallo de dudoso pasado. Mi realidad descansa en la no necesidad de perdonar a quien abusó de mí. Entiendo que hacerlo significaría eximirle, cuando no redimirle, de una culpa que le pertenece a él por completo. ¿Quién soy yo para liberarle del peso de la culpa? Nadie. Esa tarea pertenece exclusivamente al agresor.

Negar el perdón no significa odiar ni llevar una vida condicionada por sentimientos negativos que, al fin y al cabo, sólo perjudican a su portador. Bien me voy a cuidar de no andar lastrado por sentimientos que se vuelvan contra mí. Ya anduve ese camino demasiado tiempo. Cuando algo te daña lo apartas. En mi camino, con relación al agresor, sólo hay indiferencia y distancia.

Cuando pones la mano en el fuego y te quemas, no piensas si debes o no debes perdonar al fuego, simplemente te alejas y evitas volver a ponerla. Eso es así de simple. Pero a pesar de esta aparente sencillez, hay lecciones en la vida que requieren muchos años de aprendizaje.

Fueron muchos años sin reencontrarme con la vida. Y eso es algo que jamás volveré a poner en peligro. Sólo él y sus actos habrán podido hacerle o no merecedor del perdón. Yo no quiero ni tengo nada que hacer al respecto. No volveré a sentir culpa propia por la indignidad ajena.

7 comentarios

  1. Diana Says:
  2. He llegado a tu blog por el comentario que dejaste en el mio, gracias. Como Madre agradezco toda la información que pueda recopilar para tratar de evitar esta situación a mi hija. En cuanto a lo de perdonar estoy de acuerdo contigo, no es necesario, ni siquiera creo que sea "sano",no es "natural", lo que si es imprescindible es enfrentarse a ello y decidir sobre ello, porque apartarlo sin mas te puede negar mucha vida, aunque sin duda hay que ser muy valiente y fuerte para eso.Enhorabuena por ello. Un Abrazo.

     
  3. guilmar Says:
  4. Igual que Diana, mi visita a tu blog se debe a la visita que hiciste al mío. Con respecto al perdón te digo: "Cuando perdonas a alguien ¿a quién le das tu perdón? ¿al otro? A veces. ¿a ti mismo? Siempre. Perdonar a otro es estar a favor de perdonarte a ti mismo."

     
  5. JoanMontane Says:
  6. Gracias Diana y guilmar por vuestros comentarios. Yo creo que vamos al mismo sitio aunque por distintos caminos, guilmar.
    Por supuesto que el fin es perdonarte a ti mismo; la única distinción que hago en mi reflexión es que para lograrlo no es necesario pasar por el perdón hacia el agresor. Obviamente es mi visión del asunto y cada cual tiene y debe tener la suya.
    Para mí el perdón es algo que ha de buscarse en el interior y que deberá hacer sus propios méritos para lograr. Poniendome en el otro lugar: Si yo he errado en algo no creeré que ya está solucionado porque me perdone alguien, sino porque yo me habré hecho acreedor de ese perdón por mis acciones.

    Un abrazo.

     
  7. Ana Says:
  8. Creo q cuando has pasado tanto tiempo perdido y con secuelas horribles, porq esa es la palabra, horribles, el perdón al agresor es algo q ya te da igual. En mi caso, no tengo nada q perdonar, es más ni siquiera siento odio ni deseo ningún mal, mi trabajo, la tarea mas dura es perdonarme a mi misma. Respecto al agresor, como bien dice Joan, lo único q deseas es no volverle a ver, q ya no tenga q ver absolutamente nada con tu vida. Pero eso es complicado cuando está dentro de la familia. A veces somos nosotros los q terminamos apartándonos de los demás, algo q no entienden.

    El único perdón q me interesa es el mío, y es muy difícil cuando se tienen tantas culpas.

     
  9. Graciela Says:
  10. Joan en el caso del abuso, no tienen que perdonarse nada...yo sé que aparecen culpas, pero el o la terapeuta les ayuda a hacerlas volar con el tiempo, no???.
    No perdonar no significa odiar...que es un sentimiento que en alguna oportunidad he sentido, siendo joven...ahora simplemente ignoro a la persona que me ha dañado. He conseguido mantenerme fuerte con el alejamiento...como no me creo nadie para perdonar, no perdono, solo recuerdo, cada cual hace su camino y ya...abrazos!!!

     
  11. JoanMontane Says:
  12. La verdad es que cada cual tiene su camino, sus posibilidades, sus recursos, sus limitaciones, su tiempo...
    Yo puedo decir que lo mío me ha ido muy bien a mi, pero no me atrevo a decir que irá bien a todos. Eso sí, defiendo mi postura en tanto que es la única que tengo.
    Totalmente de acuerdo; no perdonar no equivale a odiar. Ni mucho menos. Alguien podría pensar que los que no perdonamos es porque estamos cargados de rencor, odio, etc. Y no es así.
    Es algo parecido a cualquier otro daño: cuando tu te quemas no te planteas si perdonar o no al fuego, simplemente te alejas de él para que no vuelva a dañarte. Sin más.

    Abrazos.

     
  13. Susana Says:
  14. Está clarísimo Joan...... Hay casos como la violación (sea a menores o no) en los cuales la necesidad de perdonar casi se toca con la culpa... Y bastante dolor ocasiona el hecho como para sufrir "el valor agregado" del abuso...
    Es inevitable comenzar por preguntarse "por qué a mí" cuando nos ocurre algo que nos lastima fuerte, pero es necesario que cada uno de los afectados pueda concluir en que "me tocó a mí pero no hice nada para que ocurriera" para poder seguir creciendo y transcurriendo la vida.
    Felicitaciones por tu blog. Ojalá todos aprendieran a utilizar las ventajas que la tecnología nos ofrece en las comunicaciones para denunciar lo incorrecto, difundir cultura, aprender y enseñar lo mejor de cada uno.
    Gracias por visitarme.
    Volveré.
    Un abrazo desde Montevideo, Uruguay

     

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