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Los niños que dejaron de soñar

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Seducción y placer

Publicado por Joan Montane lunes, 31 de agosto de 2009 28 comentarios

Dos palabras, las del título, que al aplicarlas al abuso sexual infantil nos pueden desconcertar. Y nos desconciertan no cuando lo aplicamos a la mente perversa del adulto, sino cuando lo hacemos con el menor. Cuando se trata de abusos intrafamiliares son dos conceptos que debemos tener presentes si queremos comprender algo más de las complejidades que encierra este lacerante asunto.

Al pensar en una situación de abuso a uno le vienen a la cabeza imágenes de violencia, imágenes del menor viviendo un infierno y, en todo caso, situaciones que el niño nunca desearía que hubieran ocurrido. Quizá la clave sea situarnos en la mirada que efectuamos hacia el pasado, incluso los que hemos tenido que vivirlo. No siempre es el niño quien tiene la consciencia de desear que nunca hubieran ocurrido; en cambio sí es el adulto quien puede observar y analizar esta realidad sin atisbo de duda. Para el menor existen otras realidades que tienen que ver con el cariño, con la dependencia y con el desconocimiento de una realidad que apenas comprende. Estas diferencias en la percepción de un mismo hecho son muy importantes a la hora de entender estos conceptos del enunciado.

En los abusos intrafamiliares no suele existir la violencia tal como la entendemos la mayoría, aunque sería muy discutible afirmar que el abuso sexual infantil, en sí mismo, no sea ya un acto de violencia. Pero entrar en estas disquisiciones nos llevaría a desviarnos del tema.

Lo habitual es que el adulto, generalmente el padre o quien desempeñe este papel, introduzca al niño en un juego que no entiende pero que casi siempre acepta; un juego de seducción creciente donde se va avanzando poco a poco hasta convertir al menor en cómplice de esta insana relación. En este juego es siempre el adulto quien pone las reglas y el niño quien las acata, incluso de buen grado en determinados casos, un aspecto del que se habla poco. Ese es el poder de la seducción, basada en un claro abuso de poder, y cuya perversa finalidad es dejar al menor sin recursos para escapar de esa situación. Y no sólo al menor. Cualquier otro adulto que intente poner fin a unos abusos de estas características tiene la guerra perdida. Cuando se dan signos físicos o psicológicos más o menos evidentes, o cuando el niño habla, aún contamos con armas para luchar, que no para vencer, pero si no tenemos ni eso, las posibilidades se reducen prácticamente a cero.

Una mirada retrospectiva a mi propio pasado me lleva a identificar ese juego de seducción. Y también recuerdo que jamás hubiera delatado a mi padre, a pesar de que el placer no formaba parte del entramado emocional en el que estaba atrapado; un entramado que sólo se resuelve cuando ya eres adulto y se reúnen las condiciones para que te puedas enfrentar a ello, que dicho sea de paso, no ocurre a menudo.

En mi caso este binomio de seducción y placer no iban de la mano, pero en otros casos sí puede darse. En el abuso sexual infantil existen verdades incómodas, como que el menor pueda experimentar placer. Esto no es una película con final feliz, y no reconocerlo, por incómodo que sea, sólo perjudica a quienes nos enfrentamos con esta lacra. La información junto a un conocimiento exhaustivo y libre de prejuicios es lo que nos permitirá luchar con más efectividad.

El placer experimentado a través de un abuso sexual (que tampoco debemos equipararlo con el placer adulto) no atenuará la gravedad de los hechos ni de las posteriores secuelas. Quizás al contrario, pues haber sentido algún tipo de placer, cada vez que he hablado con un adulto, sólo ha servido para aumentar su sensación de culpabilidad y de rabia hacia uno mismo. Lo que sí puede suceder en estos casos es que durante la infancia las secuelas no se manifiesten, incluso podemos tener la sensación de que el niño es completamente feliz. Hasta que llegue el día en que las cosas se tuerzan.

La seducción es la estrategia más habitual del abusador intrafamiliar, y el placer una consecuencia que ocurre a veces y que la víctima, una vez adulta y enfrentada a la realidad, nunca hubiera querido experimentar.

Entrevista Onda Cero

Publicado por Joan Montane jueves, 27 de agosto de 2009 6 comentarios

A primeros de agosto me entrevistaron en Onda Cero. Al principio no estaba la grabación. Hoy se me ha ocurrido volver a mirar y ya está.

El problema es que no logró poner el enlace ni el audio directamente, así que lo dejo para que lo pongáis en el navegador.

De entrada salen todos los audios. Bajar al final de la página y darle al último. Se abrirá una ventana donde salen varios audios. Arriba a la derecha pone 1 de 5 (como se van añadiendo igual varía). Hay que darle hasta que lleguar al último, que es el mío y clicar.

Ahora solo queda clicar a la izquierda, donde pone pulse para reproducir.

Esta casi al principio. Si acaso correrlo un poco con el cursor hasta que empiece. Es bastante largo.

http://www.ondacero.es/OndaCero/microsite/Quedate-conmigo/7533881/audios

¿Odio, rencor, indiferencia?

Publicado por Joan Montane martes, 25 de agosto de 2009 11 comentarios

En mis intervenciones en prensa, radio y televisión ha surgido a menuda una pregunta: ¿Sientes odio hacia tu agresor? O planteada de otro modo: ¿Has perdonado a tu padre? Obviamente mi padre fue quien cometió los abusos.

No es una pregunta que pueda responderse con un simple monosílabo. O mejor dicho, si se puede, pero no sin la correspondiente argumentación. Por lo que a mi respecta las respuestas son que no siento odio ni rencor hacia mi padre y que no le he perdonado. Es posible que de entrada parezcan contradictorias, de ahí la necesidad de razonar mi posicionamiento.

En la vida puedes tomar muchas decisiones, pero elegir lo que se siente o lo que se deja de sentir no es una cuestión tan simple como elegir si vas de vacaciones a Grecia o a Italia o vas a comer tallarines o ensalada. Hay aspectos que no están tan ligados a nuestro poder de elección como quisiéramos. Es un proceso que sin duda puede transformarse con el tiempo a través de la experiencia y el aprendizaje, pero al formar parte de la esencia del propio individuo y estar también interiorizado mediante el aprendizaje, no resulta sencillo implementar las modificaciones que nos dicta la razón. Dicho de otro modo, el sentido común nos puede indicar que nuestros sentimientos hacia el abusador han sido inducidos de un modo malsano y que debemos modificarlos, pero la comprensión de este hecho no basta para eliminarlos sin más. De ahí el conflicto por el que transitan muchas personas que han sido víctimas de abusos y la consiguiente dificultad para explicar porque uno siente lo que siente. Afirmar, como sucede a menudo, que uno quiere a su agresor, no puede hacerse con un sí o con un no. Y otro tanto ocurre con las dos cuestiones planteadas en el enunciado.

Personalmente puedo decir que me siento afortunado de que mis respuestas a esas dos preguntas sean las que son, porque considero que eso es lo que me permite hacer lo que hago. Abordar los abusos sexuales, bien sea desde una óptica personal o bien en términos más generales, y hacerlo desde el odio, el rencor o arrastrando secuelas no resueltas, no es el mejor modo de enfrentarse, ni menos aún se puede pretender estar en posesión del enfoque adecuado y efectivo para tratar esta cuestión.

Decía que uno no elige lo que siente, y que la ausencia de odio hacia el abusador unida a no tener la necesidad de perdonarlo dé una impresión contradictoria. La clave, diría yo, radica en la comprensión de los hechos y en la gestión de los sentimientos. Aquí me gustaría hacer un inciso para señalar que esos sentimientos negativos pueden servir en un momento dado como un trampolín para seguir avanzando. El problema aparece cuando se enquistan y no somos capaces de superarlos. Una existencia regida por el rencor proveniente de unos hechos del pasado, por graves que estos fueran, nunca nos reportarán una solución satisfactoria.

No he elegido mis sentimientos. Soy así. Y al contemplarlo desde mi situación actual creo que me está siendo más beneficioso que perjudicial. Pero claro, tampoco pierdo de vista que en el proceso ha habido un largo periodo de tiempo donde nada parecía tener solución ni sentido.

No he perdonado a mi padre. Me elección, quiero pensar, ha sido hecha desde la libertad y la racionalización de lo sucedido. Muchos consideran el perdón como el último eslabón de la cadena en el proceso curativo, y no dudo de su efectividad en la medida en que se cree en ello. El poder de las creencias y del convencimiento surge del propio individuo. Esa es su verdadera fuerza. Y esas creencias, en cada individuo, beben de distintas fuentes.

Desde mi punto de vista el perdón, focalizado en mi padre, no tiene ningún poder ni efectividad para mí ni para el agresor. En primer lugar porque no lo asocio con liberarme de una pesada carga, cuya existencia, eso sí, es real. Mi liberación se ha producido al entender que la culpa recae en el agresor, con lo cual me considero exento de hacer nada en este sentido. Y a partir de ahí entiendo que es el culpable quien requiere el perdón, de igual modo que para hacerse acreedor del mismo no hay otra posibilidad que obtenerlo mediante los propios actos, y no por una concesión que pueda hacer la persona agraviada. En definitiva, el perdón no se da; se gana.

Las múltiples caras del abuso

Publicado por Joan Montane jueves, 23 de julio de 2009 4 comentarios

Para emitir juicios sobre el abuso sexual infantil convendría ser muy consciente de lo que significan y de las múltiples formas que pueden adoptar. Es el mínimo exigible para todos aquellos que tienen en sus manos decisiones que pueden afectar de por vida a personas que sólo pretenden que se haga justicia, bien sea denunciando unos hechos acaecidos hace tiempo, para lo cual debería modificarse la ley, o bien denunciando unos hechos que están ocurriendo en tiempo presente, para lo cual la ley parece mirar siempre hacia otro lado.

Quizá podríamos disculpar a la población en general por su desconicimiento del tema, pero cuando se trata de supuestos expertos en la materia, la exigencia debería ser máxima. Es absolutamente demencial que se estén emitiendo todo tipo de juicios a lo largo de un proceso pervertido y contaminado por el desconocimiento, cuando no por la mala fe.

Las cifras no nos dejan lugar para la duda. Por poco que hagamos números llegaremos a la conclusión de que hay muchos miles de abusadores. Sin embargo, y teniendo en cuenta de que estamos hablando de un delito, comprobaremos que las condenas brillan por su ausencia y que en las cárceles encontraremos de todo, excepto padres, tíos, abuelos, hermanos, etc. que hayan abusado de un menor. Las cuentas no salen.

Hay muchos aspectos de manual que no se aplican y otros cuya aplicación es justo la contraria de la que debería ser. A las altas instancias no les interesa nada meterse en según que casos. No se busca hallar indicios que conduzcan a demostrar que haya habido abusos, sino a desmontar cualquier prueba encaminada a demostrarlos. Cualquier madre que haya denunciado un abuso por parte de su pareja a su hijo sabrá muy bien de lo que hablo.

Es hasta cierto punto lógico que a la mayoría, cuando pensamos en el abuso sexual infantil, nos venga a la mente la imagen de un menor que ha tenido o que tiene que soportar un verdadero infierno. No pretendo decir que esta imagen no se corresponda con la realidad, pero si importa señalar que existen otras muchas realidades que a su vez tienen otros muchos matices. De ahí que considere tan importante conocer muy bien el tema que estamos tratando.

Ese pretendido infierno no siempre es vivido por el menor como tal, lo que no significa que en el futuro no pueda llegar a desarrollar igualmente graves secuelas. El grueso de los abusos es perpetrado por un familiar, siendo la figura paterna la que ocupa el primer puesto de esta nefasta lista. El niño depende de su entorno familiar y siente un amor natural hacia su familia, con o sin abusos. Por desgracia continúan prevaleciendo ideas tales como que el menor no quiere a su abusador. Puede darse el caso, según sean los abusos, pero no es lo más frecuente. Sobre esta base se siguen estableciendo juicios totalmente erróneos y perjudiciales para el menor. Y no sólo para él, sino para quien pretende liberarlo de esta situación que, tras pasar pasar por otro tipo de infierno, llega al final del camino con todas las puertas cerradas y con un menor que seguirá siendo abusado.

El menor no sólo puede querer a su abusador, sino que puede erigirse como su defensor e incluso justificar sus actos. "Es que no se da cuenta cuando hace eso" decía una niña de cinco años. Si no podemos contar con el menor y las instituciones actúan con una negligencia indignante, poco podemos hacer. Salvo contar la verdad y sacar toda la mierda escondida bajo la alfombra.

Todos los niños buscan el amor de sus padres, y esa es el arma que utiliza el abusador para llevar a cabo sus abyectos fines. Para el niño es casi imposible distinguir donde termina el juego y donde se inicia un abuso. Tan siquiera es consciente de la existencia de tal concepto. A lo más que se acerca es a ser consciente de tener un secreto que no puede contar a nadie; un secreto que en el futuro le reportará secuelas de diversa gravedad.

Uno se pregunta como es posible que en el año 2009 todavía estemos así en una materia tan sensible como el abuso sexual infantil. Pero esa es la realidad.

El problema del abuso sexual

Publicado por Joan Montane martes, 21 de julio de 2009 10 comentarios

Enfrentarnos a día de hoy a los abusos sexuales infantiles supone enfrentarse a un muro de dificultades y obstáculos que se inician con el propio afectado. Así es; la mayoría de las personas que fueron víctimas de ASI acostumbran a guardar este terrible secreto. Conociendo la realidad de esta lacra poco se puede reprochar a quienes así actúan. Pero que no sea reprochable no significa que sea la actitud más acertada. Al contrario. También cabe señalar que la solución del problema no aparecerá en el momento que desvelemos el secreto. Sin embargo es el único camino.

Una vez dado este paso se nos presenta otro muro que con frecuencia nos sitúa en una posición revictimizante o, en el mejor de los casos, envuelta de una ambigüedad que de bien poco nos sirve. Este muro que constituye la familia suele ser más o menos doloroso y repleto de incompresensión según se hayan producido los abusos en la propia familia o fuera del entorno familiar. Sabemos que la mayoría de los abusos se perpetran por algún familiar, por lo que este suele convertirse en un escollo que pocos logran superar.

Si seguimos adelante nos encontraremos con que la respuesta de la sociedad, debido al desconocimiento y a la incomodidad que produce hablar de estos temas, no es la adecuada y está poco receptiva como para provocar un estado de opinión bien fundamentado y que pueda ejercer la suficiente fuerza para derribar ningún muro.

Formando parte del espectro social está el estamento religioso, sobre todo el católico, cuya función en este asunto, lejos de abanderar algún tipo de movimiento tendente a denunciar, condenar y erradicar este grave problema, como mínimo en su propio seno, lo que ha hecho ha sido silenciarlo y encubrirlo. Considero que es algo particularmente doloroso para quienes habían depositado su fe en la iglesia y sus representantes. Y si han tomado partido en los últimos tiempos sólo ha sido debido a la presión de los hechos consumados que ya estaban al alcance de todos. Absolutamente deplorable, empezando por quien hoy está a la cabeza de esta institución: Joseph Ratzinger.

A otro nivel, quizá el más descorazonador y desesperante, nos enfrentamos, y nunca mejor dicho, con los organismos encargados de evaluar y dictaminar los casos de ASI. Sería lógico pensar que ahí podríamos encontrar a nuestros mejores aliados, a los grupos de expertos capacitados y sensibilizados que sabrán averiguar lo que ha sucedido con el menor. Pues no. Nada de eso. Por demencial que parezca lo que diré a continuación, estos personajes de los que no diré nombres (todo llegará) no buscan ni analizan pruebas para detectar un abuso, sino que hacen todo lo posible para ¿demostrar? que el abuso no se ha producido. Sólo cuando las evidencias son tan flagrantes que ya no hay por donde cogerlo, sólo entonces se concede que pueda haber existido un posible abuso.

En última instancia, los pocos que llegan, tienen que enfrentarse con el estamento jurídico, en el cual tampoco van a encontrar ninguna facilidad. En más de una ocasión nos hemos escandalizado por sentencias que no parecen tener el menor sentido. Cierto es que los perjuicios y el propio desconocimiento del asunto de quien ha de emitir juicio no juegan a favor del denunciante, pero si consideramos todo lo anterior vemos que todo el asunto ya está pervertido y manipulado desde el primer momento, por lo que es difícil que la resolución del caso sea favorable a los intereses del menor abusado.

En definitiva, cuando nos preguntamos que está mal en el caso que nos ocupa, la respuesta es muy simple: todo.

Michael Jackson

Publicado por Joan Montane viernes, 17 de julio de 2009 2 comentarios

¿Qué se esconde tras el caso Michael Jackson? Es probable que nunca se sepa la verdad. O tal vez sí. Muchas son las opiniones vertidas y pocas desde la objetividad de los hechos a los que sólo se accede con el conocimiento de lo que supone un abuso sexual infantil.

A menudo me han preguntado sobre Michael -¿A ti que te parece?- Y como en todas las cosas cuya verdad desconozco, siempre he optado por ser cauto y comedido. No sé cual es la verdad, pero sí tengo elementos de sobra como para hacerme una posible composición de los hechos.

Lo primero que cabría preguntarse es si Michael también fue víctima de abusos sexuales. Lo cierto es que fue una víctima, y lo fue hasta el final de sus días. Esto no sólo es objetivo, también nos da una pista importante. Podríamos decir que las personas abusadas tienen dos alternativas; seguir siendo víctimas, los más, o convertirse en supervivientes. A su vez, entre los supervivientes podemos distinguir dos nuevos tipos; aquellos que son capaces de utilizar y reconocer su experiencia traumática para seguir adelante, que son la mayoría, y los que, por causas variables y demasiado largas para ser abordadas en unas pocas líneas, optan por convertirse en abusadores.

Y ahora la pregunta del millón ¿abusó Michael Jackson de algún menor? Por más conocimiento que posea sobre este asunto, soy consciente de que mi respuesta no deja de ser una opinión más. Eso sí, más fundamentada.

El perfil del abusador es indefinible, pero basándonos en lo dicho anteriormente, su encaje casi siempre responde al del superviviente victimario, lo que está lejos de la realidad en la que quedó atrapado Michael Jackson. ¿Eso significa que Michael no pudo abusar en ningún caso de un menor? No necesariamente. Este asunto tiene demasiados matices como para llegar a esta conclusión sin atisbo de duda.

En mi opinión Michael era un niño más, con todo lo que comporta. Sexualidad incluida. Y si hubo algo que pudiéramos encajar en la definición de abuso sexual, deberíamos hacerlo bajo esta perspectiva, lo cual tampoco es un eximente para las víctimas en caso de que las hubiera.

A pesar de las dificultades que supone establecer el perfil de un abusador, casi todos me parecen alejados del caso que nos ocupa. La gran mayoría de víctimas son autodestructivas en mayor o menor grado, y en su autodestrucción pueden o no arrastrar a los de su entorno. Pero si ocurre, nunca lo hacen de un modo predeterminado. Su “objetivo”, por lo general inconsciente, es destruirse ellos, no a los demás. Justo lo contrario que el abusador, incapaz de desarrollar ningún toipo de empatía hacia la víctima.

Quizá nunca sabremos la verdad, pero al menos estaría bien que supiéramos de lo que estamos hablando.

La herencia del abuso

Publicado por Joan Montane sábado, 13 de junio de 2009 6 comentarios

Está claro que las consecuencias del abuso sexual infantil acostumbran a ser muchas y algunas de ellas graves. La desinformación sobre este asunto es una variante más entre las consecuencias que nos afectan y que, sin duda, ayuda bien poco.

Muchas de las veces en que he participado en debates y entrevistas, tanto televisivas como escritas, ha aparecido la pregunta: El que ha padecido abusos ¿puede convertirse en abusador? Siempre me ha dado la impresión que esta pregunta tenía una parte de retórica; es decir, casi se da por hecho de que el peligro de que así sea es inminente. Y por supuesto que no es así. La gran mayoría de los abusados no se convierten en abusadores.

Si investigammos en el pasado de un abusador es muy probable que encontremos elementos como el abuso sexual, pero también muchos otros, como el maltrato, el abandono y, en general, circunstancias propias de una familia desestructurada. Aunque no siempre. Establecer perfiles, tanto del abusador como del abusado, es una riesgo y sólo puede interpretarse como una tentativa de aproximarse a la realidad. Existen demasiados factores como para sentar cátedra en un asunto tan lleno de complejidades como el abuso sexual.

Es esencial tener una información veraz surgida de la experiencia y el conocimiento y saberla interpretar con el sentido común. Dejarse llevar por la rabia, la indiferencia, el odio, la venganza o cualquier otro sentimiento que distorsione la perspectiva de lo que es real sólo puede llevarnos al fracaso, a las percepciones erróneas y a actuar de un modo que, a la postre, se volverá contra nosotros.

No solemos contar con el apoyo social, ni jurídico ni, muchas veces, familiar. Es una lucha solitaria contra la incomprensión, el engaño y la impotencia de saber que la verdad, en ocasiones, no sale a flote por más evidencias que existan.

Pero seguiremos luchando.

Se admiten propuestas

Publicado por Joan Montane domingo, 7 de junio de 2009 7 comentarios

He pensado que un blog, en principio, es una ventana donde el autor habla de los temas que le interesan y que en este caso son los abusos sexuales infantiles. También es cierto que aquellos que lo leen y participan con sus respuestas son personas sensibilizadas con este asunto o bien personas que lo han padecido o les toca de cerca.

Uno de mis objetivos principales al ponerlo en marcha era proporcionar una información lo más fidedigna posible sobre esta lacra que nos atañe a todos. He intentado buscar todos los enfoques posibles, sin embargo es lógico que siempre queden algunos aspectos sin tratar, y este es el motivo de este escrito.

Que sirva este post para que cualquiera que lo desee plantee cuestiones, temas o preguntas relacionadas con el abuso sexual, de este modo desarrollaremos nuevos temas que tal vez no haya abordado lo suficiente o que incluso no haya tratado. La cuestión es lograr que este espacio sea lo más completo y participativo posible.

Un abrazo a tod@s.

Debate en Tele 5

Publicado por Joan Montane viernes, 5 de junio de 2009 2 comentarios

Este próximo sábado día 6 de junio en Tele 5, en el programa de La Noria, habrá un debate sobre los abusos sexuales, precedido de varias entrevistas, entre las cuales también estará la mía.

El motivo del debate surge a raíz de las declaraciones del cardenal Cañizares comparando el aborto con los abusos sexuales. Personalmente apenas toco este asunto, me interesan más los abusos sexuales en general que entrar en este tipo de disquisiciones.

Espero que lo veáis y también que corráis la voz. No sé exactamente a que hora lo emitirán, pero me han asegurado que sería pronto, quizá sobre las 23:00 horas.

Los que tengáis blogs estaría bien que lo pusierais. No os aviso con mucho tiempo, pero es que ha sido todo muy rápido.

Un abrazo.

Aviso

Publicado por Joan Montane miércoles, 3 de junio de 2009 1 comentarios

En varias ocasiones me han pedido si podían poner tal o cual artículo en su blog, foro, web, etc.

Una de las finalidades de este blog, precisamente, es transmitir una información veraz que surge de un profundo conocimiento sobre el abuso sexual infantil. Sirva entonces este escrito para que cualquiera que lo lea, sepa que tiene permiso para incoporar cualquier texto en sus blogs. Si que agradecería que se me informara que artículos se ponen y donde. Para ello podéis contactar en forogam2002@yahoo.es

Un saludo.

Leer más en Suite101: Añadir Artículos de Suite101.net a página web http://www.suite101.net/pages/site_widget.cfm#ixzz0gRg1vmyP

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