Hace ya seis años que lleva funcionando forogam. Precisamente hoy, día 29 de noviembre cumplimos este sexto aniversario. Se trata de un foro en el que escriben personas que sufrieron abusos sexuales en la infancia. El foro es lo que yo he dado en llamar la ventana interior; el sitio donde nos reunimos, compartimos y debatimos quienes padecimos A.S.I.
Este blog, que aún está en su más tierna infancia, pretende ser la ventana exterior. El sitio de todos; el lugar donde todo el mundo que esté interesado pueda conocer de primera mano que significa el abuso sexual, como afecta y cual es su auténtica naturaleza. Mi objetivo es que el A.S.I. tenga el tratamiento y la difusión que merece, lejos de sensacionalismos o de ideas erróneas.
La razón última de este escrito es pedir a todos los lectores que expongan cualquier duda o planteamiento, que propongan cualquier aspecto del A.S.I. que les interese que sea tratado con más detenimiento. Todo aquello, en definitiva, que pueda convertir este blog en una herramienta cada vez más útil.
Quería deciros que este asunto está siendo tratado ya a nivel político y que si todo va bien no será necesaria campaña ni recogida de firmas. Vamos a esperar un poco a ver como se resuelve el tema y si hace falta ya nos movilizaremos.
Como tenemos por aquí, como ya decía senovilla, a algo parecido a un ser humano que se dedica a hacer apología de la pederastia, creo que será mejor que modere los comentarios que lleguen tanto a este blog como al otro. Preferiría haberlo dejado abierto pero como parece que esa basura tiene mucho tiempo libre y poco cerebro creo que será mejor hacerlo de este modo, y me parece que la mayoría de vosotros piensa también lo mismo. Así que si véis que vuestros mensajes tardan un poco en aparecer, que sepáis que este es el motivo.
Un abrazo a todos.
Este proximo jueves dia 27 de noviembre tendrá lugar la presentación de mi segundo libro "Los niños que dejaron de soñar". Esta presentación/coloquio se celebrará a las 19:00 horas, en la Casa de la Cultura de Torrent, situada en la calle Sagra, núm. 17.
Además de quien escribe estas líneas, en la charla intervendrá Carmen Quijano, presidenta de la asociación ACASI (Asociación contra el abuso sexual infantil) http://www.acasi.org/
Esperamos que el acto, más allá de la presentación literaria, sirva para aclarar dudas, aportar información y dialogar, en definitiva, sobre un asunto que nos concierne a todos y sobre el que pesa demasiada desinformación.
A un nivel más personal me encantaría poder saludar a cualquiera que haya participado o lea este blog.
Está claro que esta campaña iniciada por nuestros amigos de La Huella Digital y Vagón-bar ha sido un éxito, y todos debemos felitarnos por ello. Pero no podemos dormirnos en los laureles. Queda muchísimo por hacer y creo que vale la pena aprovechar este momento.
¿Qué otras cosas podríamos hacer? Desde luego hay muchas, pero últimamente me veo enfrentado a una que me parece elemental, diría que de libro. Cuando alguien habla en favor de ETA o justifica sus atentados se le puede acusar de hacer apología al terrorismo. Se trata de un delito. Sin embargo cualquiera puede hablar o escribir barbaridades relacionadas con niños, como hacen los pederastas en la red, y no se puede hacer nada al respecto. Aquí en España no es delito. Personalmente me parece incomprensible. Algo tan evidente y que limitaría bastante la capacidad de actuación de los pedófilos sigue siendo legal.
Ahora somos muchos, tenemos mucho eco, hay sensibilidad e información. Y creo que para luchar efectivamente contra esa lacra debemos dotarnos de las herramientas mas adecuadas y efectivas. Una de las más básicas sería lograr que la apología a la pedofilia fuera considerada como delito. Es una idea que hace tiempo que me ronda por la cabeza y que también han expresado algunas personas, como mi incansable amigo Joshua, y algún que otro colectivo.
De momento dejo aquí esta idea para ver que os parece, como se podría estructurar y para que la hagáis correr por toda la blogosfera.
Un abrazo a todos.
¿Es importante tratar de discernir si en un abuso sexual se produce violencia e intimidación?
El sentido común nos dice, al menos a quienes hemos pasado por ello, que esta discusión no tiene demasiada importancia. El acto en sí mismo ya es lo suficientemente grave como para andar buscándole tres pies al gato. Sin embargo la ley sí hace esta distinción, y no es lo mismo un abuso sexual donde hay violencia e intimidación que otro donde no haya.
Cuando hablamos del abuso sexual infantil, la mayoría de la gente imaginará a un ser despreciable que, posiblemente, habrá hecho uso de la violencia y la intimidación. En todo caso nadie duda que se trate de un maltrato físico o psicológico, o ambos a la vez. Sin embargo pueden darse diferentes relaciones donde la violencia, así como otras formas de intimidación, adopte un perfil un tanto equívoco, aunque no por ello menos efectivo.
Para cualquiera de nosotros es extremadamente complicado explicar muchos aspectos relacionados con el abuso que padecimos. Muchos debemos enfrentarnos con preguntas que, no sólo quisiéramos que satisfagan a un hipotético interlocutor interesado, sino que nos satisfaga a nosotros.
Yo era de los que hasta hace poco tiempo pensaba que mi caso estaba exento de violencia e intimidación, lo cual, no hacía sino que incrementar mi sensación de culpa. Si eso es tal como lo escribo ¿por qué no lo impedí, entonces? ¿Por qué no hice algo? ¿Por qué no impedí que sucediera? La lista de interrogantes es muy larga. Cada cual tiene su particular pregunta sin respuesta: ¿por qué me traicionó mi cuerpo y sentí placer? ¿Por qué seguí permitiéndolo a los 16, 18 ó 20 años?
Aunque nadie en sus cabales ponga en duda que el abuso sexual infantil es condenable tanto social como penalmente, en mi caso particular, por más execrable que pudiera parecer la conducta de mi padre, no puedo eliminar por completo la posibilidad de que alguien imparcial dilucidara que, en mi caso, no hubo violencia ni intimidación. A fin de cuentas es algo que se contempla en un juicio. Y es que yo era el primero que siempre lo creí. No es fácil encontrar el modo de explicar lo que no hemos sido capaces, tan siquiera, de asumir como algo que nos sucedió en la niñez.
Es muy importante analizar este asunto con detenimiento, sobre todo ahora que hemos hecho mención de las connotaciones penales a las que está sujeto el abuso sexual y la relación existente entre éste y la agravante añadida de la violencia y la intimidación.
Nunca formó parte de mis prioridades la denuncia de estos hechos. De hecho nunca me lo planteé. Pero aunque hubiera sido mi caso, de poco me hubiera servido, ya que el delito prescribió hace tiempo. No obstante, considero de suma importancia aclarar y delimitar como se llevó a cabo el abuso sexual y si éste estuvo agravado por actos de violencia e intimidación, fueran estos cualesquiera que sean.
Cuando se utilizan los términos violencia e intimidación se suele investigar en que grado afectaron y si fueron degradantes y vejatorios.
El enfrentamiento siempre fue difícil. Yo siempre hubiera querido contestar que hubo violencia, que hubo intimidación y que ambas fueron degradantes y vejatorias. Pero la realidad que yo concebía hasta no hace tanto tiempo me hacía pensar que la definición era otra. ¿Realmente era así? Hoy tengo una percepción radicalmente distinta.
En la definición de violencia, si consultamos cualquier enciclopedia, se nos habla de violar y de violentar. Ambos casos se adaptan perfectamente a nuestra realidad. Y también a la mía en particular.
Degradar implica arrastrar a alguien a un nivel moral muy bajo, lo cual creo que también nos afecta a la mayoría de un modo innegable.
Vejar se define como humillar gravemente, mencionándose asimismo el abuso de poder, lo cual encaja a la perfección en mi caso y supongo que también en el de todos los abusados.
En definitiva, y atendiendo a estas definiciones, puedo concluir que en mi caso hubo violencia y que esta fue degradante y vejatoria.
En lo tocante a la intimidación todavía me parece que es más incuestionable. La intimidación se define como el estado de quien está atemorizado, lo que en mayor o menor grado nos pasó a todos. De no ser así, no hubiéramos permitido que ocurrieran los abusos. También se habla en las definiciones de asustar o amedrentar, lo que equivale a un estado en el que nos vemos incapacitados para hacer frente a una realidad para la cual carecemos de capacidad, entendimiento y recursos, situándonos en una posición de inferioridad o desvalimiento frente al presunto agresor. Otra realidad irrefutable para casi todos.
En cuanto a sí fue degradante y vejatoria, creo que basta con aplicar los mismos razonamientos ya esgrimidos en el tema de la violencia.
Por tanto concluyó que en mi caso también hubo intimidación y ésta fue vejatoria y degradante. Otra cosa será que mis reflexiones se interpretaran de igual forma si llegara a los tribunales. Desgraciadamente, como decía, me temo que no.
Uno de los grandes dilemas con el que nos enfrentamos muchos seres humanos es la constatación de que la vida no es justa.
Nos cuesta entender porque a alguien tan bueno le ocurren tantas desgracias o porque alguien tan malo vive tan ricamente. Puede observarse desde distintas perspectivas. A mi, personalmente, me gusta ver una posible respuesta en que ese alguien tan bueno, precisamente, es tan bueno debido a todas las desgracias que se ha visto obligado a afrontar.
A veces alguien exclama: ¿por qué abusaron sexualmente de mí cuando tan sólo era un niño? ¿Qué culpa tenía yo? Estas preguntas se repiten una y otra vez. ¿Por qué me tocó a mí? También tengo mi particular respuesta. A mi me tocó para superar la prueba y convertirme en lo que jamás hubiera sido de no haber pasado por ello. ¿Podría haberme quedado en el camino? Podría. Pero no fue así.
No, la vida no es justa, y eso es justo lo que necesitamos para vivir.
Quería compartir también esta preciosa canción, en este caso sobre la violencia de género.
Una buena amiga, Isabel Olid, acaba de publicar un cuento sobre el abuso sexual infantil que a buen seguro será muy útil para todos, pero sobre todo para los niños y para algo tan vital y necesario como es su prevención, pues el lenguaje utilizado se adpata perfectamente a su nivel de comprensión, a partir de los 6 años.
Desde aquí le deseo toda la suerte del mundo.