Cuando estuvimos muertos

Cuando estuvimos muertos
Se puede adquirir en Libros en Red o pedirlo al autor: forogam2002@yahoo.es

Los niños que dejaron de soñar

Los niños que dejaron de soñar
Se puede adquirir en las principales librerías o bien pedirlo al autor: forogam2002@yahoo.es Ambos libros pueden encontrarse en la Fundación Vicki Bernadet de Barcelona (ver el banner más abajo)

Followers

Subscríbete vía RSS

Introduce tu dirección de correo

Muro de opiniones

Otras webs de Directorio e-Contento
www.barcelona.com - La Guía de Barcelona

GuiaBlog

certificado por
GuiaBlog
autos
El PageRank de tu Web
Society Blogs - BlogCatalog Blog Directory
Directorio Web - Directorio de Páginas Webs
Directorio de enlaces - COMpartimos.NET
Zona de Blogs
Directorio Ok Che
Alta en Directorios
Blogs
Directorio
http://www.wikio.es
http://www.wikio.es
Directorio Busca la Web
Directoriox.com.ar

directorio de weblogs. bitadir
Blogazos.com. Directorio de Blogs en Español
directorio de blogs
directorio de blogs
Directorio
Directorio de Enlaces
BlogDirectorio
Blogalaxia
Directoriox.com.ar
Buzzear (ES)
directorio de blogs
Directorio webs

El suicidio

Publicado por Joan Montane domingo, 26 de abril de 2009 8 comentarios

Cuando se habla de asuntos desagradables o circunstancias más o menos ingratas que afectan a otras personas, uno suele experimentar una cierta sensación de alivio. Incluso, a veces, más que alivio: lo que se siente es la seguridad o la certeza de que, según qué cosas, no pueden afectarle. Una de ellas es el suicidio.

Quizá las sensaciones más habituales, cuando hablamos de suicidio, sean la extrañeza, la incomprensión o incluso un sentimiento de superioridad. En cualquier caso, para más de uno, existe el convencimiento de que hay ciertas cosas que están más allá de toda lógica. Pero, dejando a un lado esas hipotéticas certezas, también encontraríamos un gran desconocimiento, miedo, egoísmo o la simple y llana negación a inmiscuirse y tratar de comprender, aunque sea mínimamente, otros mundos, otras historias y otras realidades.

Algunos hemos deambulado por la vida protegiéndonos con un muro de contención; con ladrillos que, a modo de creencias, experiencias o sueños, nos han librado del aterrador vacío exterior. Sabemos que está ahí, pero hacemos cuanto está a nuestro alcance para no ver aquello que no queremos ver, y como no lo vemos, pensamos que no existe. Y si algún día su existencia nos toca más de cerca de lo que quisiéramos, nos tranquiliza constatar que no tiene que ver con nosotros, sino con los demás.

No creo afirmar nada nuevo si digo que en esta vida existen pocas certezas, más allá de las que cada cual se construye o de las que adquiere en los variados supermercados de creencias y religiones. Quizá la muerte, como se suele decir, sea la certeza más incuestionable e ineludible de todas. Y tampoco es esta una materia que sepamos manejar demasiado bien, así que una buena parte de la humanidad prefiere aferrarse a la vida como si fuera eterna. Nos imbuimos de realidades que den sentido a nuestra existencia, aunque dichas realidades sean cualquier cosa menos reales, y avanzamos ajenos al vacío que nos rodea. Sin entrar a cuestionar su mayor o menor trascendencia, el caso es que nos hace sentir vivos y a salvo. Pero ¿a salvo de qué? Obviamente, a salvo de todo aquello que nos lleve a pensar que nuestra vida no tiene ningún sentido. Necesitamos tener esa sensación, vivir en ella, pues, de lo contrario, nuestra estabilidad emocional estará en peligro. No todos hemos tenido la suerte de tenerla en todo momento. A veces ocurren cosas que nos alejan de ese entorno seguro. A veces, nos enfrentamos a ciertos hechos imprevisibles y catastróficos; hechos que no buscamos, que no quisimos y que derribaron nuestro muro de contención. Y eso sucedió en la época donde menos podríamos esperarlo y donde menos preparación teníamos para enfrentar hechos de semejante calibre: nuestra infancia.

Quienes nunca han visto peligrar ese muro tampoco suelen comprender a los estigmatizados, aquellos cuya historia les ha condicionado hasta tal extremo la vida que su instinto de supervivencia termina convirtiéndose en una tortura más que conviene superar, y, en ocasiones, termina haciéndolo mediante el suicidio, una de las secuelas más desconcertantes, complejas e inquietantes del abuso sexual infantil.

A una persona que ha tomado la firme decisión de suicidarse, de nada le sirve que le hablen de la existencia de otras salidas mejores o de que el tiempo lo cura todo. Estos razonamientos tienen la particularidad de agobiar todavía más al presunto suicida. Si has tomado esta decisión y lo has hecho porque no ves otra alternativa, ¿de qué sirve que te digan que hay otra salida? Si tú no la ves, estos comentarios sólo aumentan tu frustración. Siquiera eres capaz de vislumbrar algo que a los demás les parece tan evidente, con lo que terminas creyendo que eres más inútil todavía, reafirmándose la postura inicial de suicidarte.

Cuando le hablamos a alguien que se halla inmerso en este trance, debemos tener muy claro que nos estamos dirigiendo a una persona que se encuentra en una situación muy distinta a cualquier otra imaginable. No tiene nada que ver con lo que conocemos, a no ser que también hayamos pasado por lo mismo, por lo tanto, sería una estupidez decirle que comprendemos por lo que está pasando.

¿Qué podemos decir entonces? Desde luego, ninguna abstracción. Frases como “La vida es maravillosa” no le van a alentar en absoluto; más bien lo interpretarán como una puñalada. Creo que lo único que sirve son los hechos concretos, cercanos…, en vez de la frase “Entiendo por lo que estás pasando”, ya que probablemente no lo entiendas en absoluto; sería más adecuado: “Quisiera entender lo que estás pasando”, o: “Me gustaría estar a tu lado, si me dejas”. Y nunca emitir juicios; los juicios dejémoslos para nuestra propia persona, que es donde siempre deben ser aplicados.

Cuando se llega a plantear el suicidio es porque ya no se vislumbra otra alternativa mejor para uno mismo, e incluso para los demás. Quien decide quitarse la vida también lo justifica creyendo que los demás estarán mejor si desaparece.

Debo confesar que el suicidio me sorprendió por su gran incidencia en los abusos sexuales. Tenemos la lógica tendencia a comparar partiendo de nuestras propias experiencias y percepciones. En el primer caso, debo decir que el suicidio no ha formado parte de mi amplio arsenal de secuelas, y en cuanto a las percepciones, es cierto que siempre la he contemplado como una posibilidad que nos toca muy de cerca…, pero nunca pensé que tanto.

Hace algún tiempo, efectué una encuesta entre los miembros del foro de nuestra web. De hecho, es la encuesta más antigua. Me llamaron la atención las continuas alusiones que se hacían al suicidio, así que lo planteé, con el objetivo de averiguar qué porcentaje había intentado suicidarse en una o más ocasiones. No se contemplaban pensamientos suicidas, sino hechos consumados. Evidentemente, sin éxito, claro. La muestra es de ciento sesenta y dos personas y este el resultado:

Lo he intentado una o más veces: 61%
No lo he intentado nunca: 39%



La idea del suicidio no es una ocurrencia que surja sin más ni más; es una larga y constante acumulación de tristeza, soledad, incomprensión y silencio; una nube cada vez más oscura que termina por sobrepasarnos, alcanzando un punto sin retorno, donde ya no vemos otra salida para liberarnos de una vida en la que se agotaron las ganas y los recursos para seguir adelante. A partir de ahí, nos adentramos en una espiral donde se empieza a fantasear con la idea de poner en práctica el recurso definitivo.

En los peores momentos de nuestra vida, el suicidio puede llegar a parecer un mero trámite que viene a confirmar una realidad que uno ya siente muy adentro: la de sentirse muerto. Y si ya nos sentimos muertos en vida, lo único que nos queda por hacer es corroborarlo con nuestra última acción. Por suerte, nuestros planes no siempre se cumplen. A pesar de todo, y aunque al principio cueste creerlo, siempre hay una nueva oportunidad a la que aferrarnos.

El suicidio es el resultado de la exacerbación de todas las demás secuelas. Se rebasa el límite y desaparece cualquier asidero que nos permita ver algún sentido a nuestra vida; una vida en la que ya sólo se percibe sufrimiento y ninguna posibilidad de que pueda revertirse esa situación.

Probablemente, no lleguemos a encontrar una respuesta a la tendencia suicida, como si esta apareciera per se. Hay que reconocer las secuelas asociadas y lograr que disminuya su intensidad, reconociendo su origen, que, en nuestro caso, son los abusos sexuales. Y si podemos recorrer este camino de la mano de otras personas que estén en una situación parecida, tendremos mucho ganado.

Amnesia

Publicado por Joan Montane jueves, 23 de abril de 2009 15 comentarios

Es posible que el término amnesia sugiera una imagen excesivamente categórica, una imagen que no se ajusta a lo que pretendo explicar. De hecho, son estadísticamente pocos los que no tienen recuerdo alguno de los abusos sexuales de que fueron objeto en su infancia; no obstante, son más que suficientes como para tenerlos en cuenta. Por lo general, la mayoría tenemos lagunas más o menos extensas que abarcan episodios concretos de nuestro pasado. Dichos episodios pueden tener relación con los abusos, aunque también pueden abarcar épocas y sucesos que no parecer estar conectados con estos.

Quizá podría haber utilizado el término memoria, un concepto con connotaciones menos contundentes y, por qué no decirlo, menos alarmantes. Pero si tenemos en cuenta que hablar de abusos sexuales en la infancia ya es de por sí alarmante, no tendría mucho sentido perdernos en un debate terminológico cuyo objetivo fuera encontrar un concepto más light. Además, hay personas que realmente no recuerdan apenas nada; sólo tienen intuiciones, flashes o sospechas, algo en lo que profundizaremos a continuación.

Por lo tanto, podríamos concluir en que hay una especie de amnesia selectiva, pero se trataría de una amnesia aparentemente aleatoria, pues si bien lo que en algunos casos se elimina de la memoria consciente son los abusos, en otros sucede justo lo contrario: sólo se recuerdan los episodios de abuso, sin recordar apenas nada del resto de la infancia. La razón última de una u otra selección podría estar en la cantidad de abusos sufridos. La mente hace el esfuerzo de desechar los recuerdos especialmente perjudiciales para no romper la normalidad en la que nos hallábamos. Cuando el abuso es ocasional, cabe la posibilidad de que nuestra mente cumpla con esa función, pero cuando se trata de abusos que pueden durar muchos años, entonces, el sistema falla y nuestra mente elimina indiscriminadamente los recuerdos, de tal forma que se llegue a invertir el proceso para recordar de nuestra infancia tan solo los abusos.

Llegados a este punto, es inevitable preguntarse: ¿cómo llegan las personas sin recuerdos a descubrir lo que sucedió en su niñez? Algunos sospechan de la existencia de abusos, basándose en indicios o flashes inconexos que, con el tiempo, terminan concretándose en algo más, aunque no mucho más, habitualmente. No es aconsejable crearse demasiadas expectativas en este sentido. En otros casos, es el terapeuta quien puede ir atando cabos e insinuar esta posibilidad. A veces, surge el recuerdo de repente, por ejemplo, ante el nacimiento de un hijo o cuando un hijo tiene la misma edad que teníamos nosotros cuando sufrimos los abusos.

Por uno u otro camino se va confeccionando poco a poco una suerte de rompecabezas en el que faltan muchas piezas, pero que, al mismo tiempo, resultan suficientes para recrear el escenario de un pasado que se enterró hace tiempo en el olvido. A pesar de todo, en esas circunstancias no cabe esperar que las dudas desaparezcan por completo. Todos quisieran poseer ese recuerdo nítido e incontrovertible que legitime su postura y elimine cualquier sentimiento de culpabilidad.

La razón por la que se recupera parte de la memoria, así como otras veces se convierte en una lucha con escasos resultados, es algo que excede mis conocimientos. Quizá se reduzca a algo tan simple como estar preparados para asumirlo o no estarlo. Parece lógico pensar que si estamos predispuestos a enfrentarnos con nuestro pasado lleguemos a obtener mejores resultados que si lo mantenemos todo en secreto.

La culpa de que nuestros recuerdos se hayan convertido en un territorio inaccesible reside en la incapacidad para conectar con la causa originaria. El desconocimiento del origen entorpece en gran manera el inicio de cualquier proceso de recuperación. Sería como tratar de medicarse sin saber a ciencia cierta qué enfermedad nos está afectando. De todos modos, ya me apresuré a señalar con anterioridad la existencia de una serie de síntomas que llevan al afectado a generar ciertos recursos, como las sospechas, flashes imprevistos y otros. No es un gran alivio, pues en el mejor de los casos se tratará de un proceso angustioso en el que siempre nos estarán acechando las sombras de la duda. Los pensamientos intrusivos del tipo “¿No me estaré inventado todo esto para justificar algo para lo que no encuentro una mejor explicación?” suelen estar a la orden del día.

A veces, intento realizar el ejercicio de viajar al pasado, y la verdad es que todavía me crea enormes dificultades situarme en la mente de ese niño que un día fui y saber qué pasaba por mi cabeza. Creo que no pasaba nada. O, en consonancia con lo escrito hasta ahora, no recuerdo nada. Sí de los hechos, pero no de lo que pensaba de ellos. Yo diría que el pensamiento sobre lo que me estaba sucediendo no tenía una explicación y, probablemente, si intuía alguna, esta no era buena, así que lo mejor era desecharla. A partir de ahí, la reiteración y el tiempo terminan invalidando la eficacia del mecanismo del olvido, si es que alguna vez la tuvo. Y para terminar, se borran los recuerdos sin que intervenga un patrón lógico, y es cuando aparecen las consabidas lagunas y problemas con la memoria.

Llama la atención esa similitud de sensaciones, sentimientos y secuelas que experimentamos las personas que hemos padecido ASI, y más aun cuando siempre habíamos creído que no existía nadie que tuviera esos pensamientos y actitudes tan… ¿diferentes? Sin duda, actúa como un bálsamo averiguar que, después de todo, no somos tan extraños como creíamos. También reconforta saber que lo sucedido tiene una explicación lógica. Y eso mismo es aplicable a nuestros problemas de memoria.

El esfuerzo al que nos obligamos para aislar del recuerdo aquel episodio de nuestra niñez nos obliga a pagar un peaje bastante oneroso. Al someter repetidamente nuestra memoria al olvido ocurre algo parecido, por utilizar un símil, a lo que sucede con la quimioterapia. Al final, se elimina lo bueno y lo malo. Tenemos permanente activado un dispositivo de eliminación, de ahí que no deba sorprendernos que en muchas ocasiones se nos olvide, incluso, lo que teníamos pensado hacer apenas unos segundos antes. Lo que habíamos achacado siempre a nuestro proverbial despiste, como vemos, puede tener su origen en los abusos sexuales de la infancia.

Extracto del libro "Los niños que dejaron de soñar"

Una poesía

Publicado por Joan Montane miércoles, 22 de abril de 2009 3 comentarios

CARTA PARA LA TRISTEZA



Nos veremos las caras
Algún día
Si el destino se confunde
Y tú cruzas por mi calle
Cuando regreso curtida
De todas mis pesadillas

Pero pensándolo bien
Tal vez no me reconozcas
Porque ya no soy la misma

Tuve la cara manchada
Y en los dientes la resina
De todos los calabozos
Donde tus plantas crecían
Y yo…
Con mi savia a cuestas
Era el pasto que moría

Pero ahora río con ansias
Y tengo la frente altiva
En mis manos crecen flores
Que reparto con caricias
Mis pupilas no se mojan
Y tus lamentos sombríos
Murieron cuando mi alma
Se hizo un árbol con espinas

Te lo digo por si un día
Cuando el hastío te agobie
Y tu saña tenga prisa
Decides buscar mis ojos
Entre las almas perdidas

Me temo, tristeza herida
Que no reconocerás
Ni mis dientes ni mi risa

Ahora ya no soy la hierba
Que la sombra guarecía
Tengo los dientes de oro
Y el rostro que no imaginas

Explicando lo inexplicable

Publicado por Joan Montane martes, 31 de marzo de 2009 9 comentarios

La respuesta familiar, social, jurídica y, en general, la que se da desde cualquier ámbito particular o institucional ante un delito es casi siempre unánime. Bueno, no siempre. Cuando se trata de un abuso sexual a un menor las cosas se ven desde otro ángulo. Y uno se pregunta porque. Al fin y al cabo abusar de un menor es un delito. Es cierto que la opinión imperante, cuando se le pregunta a alguien a quien no le afecte directamente, es radical y tajante en el sentido de considerarlo como uno de los peores delitos posibles. Sin embargo si este mismo hecho se investiga en el entorno de un menor abusado es habitual que las posturas estén muy alejadas de la lógica expuesta en el caso anterior, modificándose de un modo tan lamentable como incomprensible. El niño no es la prioridad, sino el silencio, la ocultación y el “aquí no pasa nada”. No siempre; pero sí demasiadas veces.

A título individual, cualquier persona interrogada al respecto, se mostrará indignada ante un hecho como el A.S.I., aunque colectivamente la mayoría prefiere pasar por encima de tan espinoso tema. Incluso a título individual, más allá de unas pocas palabras, casi nadie te presta apoyo y se incomoda cuando se trata este asunto de un modo directo. En el fondo se adopta una postura de “es muy grave el problema pero es tu problema”.

Socialmente tampoco hay grandes diferencias. Sólo cuando sale a la luz algún caso especialmente llamativo surgen voces clamando justicia, pero en general da la sensación de que nadie quiere ver el PROBLEMA, que sin duda no es el de los pederastas que actúan en la red o algún que otro elemento como el austríaco que tenía encerrada a su hija en un sótano. El PROBLEMA está en las familias y en el entorno próximo del menor, que supone aproximadamente el 90% de los abusos. Y la aplastante mayoría de estos casos han gozado y siguen gozando de la más absoluta impunidad.

Como se suele decir: “Ocurre hasta en las mejores familias”. Esto es muy importante, ya que a tenor de lo escrito uno puede llegar a pensar que las familias que no prestan un apoyo incondicional en una situación de abuso son familias desestructuradas, con problemas, conflictivas, etc. Pues no. Son familias normales. Son familias cuyos miembros se indignarían ante este hecho… siempre y cuando no suceda en su propia familia. En este caso las cosas cambian por completo. No se habla de ello. Si el menor no da síntomas realmente graves (lo cual es probable que no ocurra) todos prefieren dar por sentado que aquí no pasa nada. Y así podemos seguir siendo una familia feliz.

Existe demasiado desconocimiento y escasas ganas de implicarse en un asunto cuya gravedad parece que muy pocos quieren afrontar, aún que se trate de familiares directos. Me sigue pareciendo increíble que la gente se indigne por lo que ocurre en Austria, por ejemplo, y pasen por completo de lo que ocurre ante sus narices. Incluso en su propia casa.

Un caso en México

Publicado por Joan Montane miércoles, 18 de marzo de 2009 0 comentarios

Dictan formal prisión a presunto sacerdote pederasta en Veracruz

Veracruz, Ver., 16 de marzo. El juzgado primero, con sede en el puerto de Veracruz, dictó formal prisión al sacerdote retirado Jesús Sandoval González, acusado de violar a dos niños de la casa hogar Manuel Pío López, ubicada en el municipio de Boca del Río.

El religioso recibió el 5 de marzo un auto de formal prisión por abuso erótico-sexual contra dos niñas de la misma casa hogar, cuyos testimonios sirvieron para sustentar una denuncia presentada el 15 de diciembre de 2008 por el sistema municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Boca del Río ante la agencia del Ministerio Público especializada en delitos contra la familia, la libertad y la seguridad sexual en esa localidad.

La averiguación 1068/2008 fue difundida por el DIF municipal, cuyos funcionarios aseguraron que la Procuraduría General de Justicia del estado tardó en atender la denuncia y detener a los supuestos responsables.

El 12 de enero, el sacerdote retirado, de 76 años de edad, fue detenido e internado en el reclusorio regional Ignacio Allende, donde se le inició un primer proceso por abuso erótico-sexual, integrado en el expediente 03/2009.

El juzgado primero, a cargo de Beatriz Rivera, dictó formal prisión al acusado el 5 marzo, mientras se desahogaba el expediente 20/2009 abierto por abuso erótico y violación sexual contra dos niños. En esta segunda causa penal, la juez dictó auto de libertad por la acusación de abuso erótico-sexual, pero decretó formal prisión por violación.



Como parte de la indagatoria han rendido declaración ministerial unas 20 personas, incluidos menores de la casa hogar Manuel Pío López, personal del DIF municipal, así como testigos presentados por la defensa del sacerdote Sandoval González.

La juez Beatriz Rivera también ratificó una orden de arresto contra la presunta religiosa María Guadalupe Zaragoza, conocida como madre Martha, quien era encargada de la casa hogar Manuel Pío López y se le acusa de ser cómplice del abuso contra los menores. La madre Martha huyó luego que medios informativos divulgaron los casos de pederastia en el orfanato.

Los dos niños y las dos niñas de quienes el clérigo habría abusado permanecen en la casa hogar Nuestra Señora de Santa Ana, administrada por el DIF municipal de Boca del Río, que el 18 de enero obtuvo un amparo del juzgado quinto de distrito para impedir que la procuraduría veracruzana llevara a los menores a declarar ante el Ministerio Público y los enviara a un albergue estatal.

Fuente: Andrés T. Morales. La Jornada

Una cuestión de prioridades

Publicado por Joan Montane martes, 17 de marzo de 2009 0 comentarios

A veces uno se pregunta que sentido tienen algunas cosas. El asunto de las prioridades, en este caso, tiene mucho que ver con lo que hoy escuchaba por la radio.

Distintos tertulianos debatían sobre las bondades o la perversidad del aborto, atendiendo a los nuevos supuestos que se quieren implementar en España. No me parece oportuno ni necesario pronunciarme al respecto, ya que este no es el tema de este blog, pero si quiero traerlo a colación por lo mucho que llama mi atención la enrocada posición de algunos estamentos, fundamentalmente el religioso, debido a su postura de defensa a ultranza sobre el derecho de nacer del feto, sean cuales sean las circunstancias del mismo y sean cuales sean las de la embarazada.

Insisto en mi intención de no entrar a cuestionar ninguna ideología ni menos aún el derecho a manifestarla. Sin embargo no puedo por menos que preguntarme porque extraña razón se defiende a viento y marea el nacimiento, cuando estos mismos adalides de la vida se han preocupado bien poco de esos niños cuando eran abusados por curas pederastas. La única vida que entonces ha importado ha sido la de los propios curas, que eran trasladados de parroquia en parroquia para cerrar bocas. Más adelante otras bocas se cerraron con dinero. Y al final, ante las evidencias y sólo hasta fechas muy recientes, se ha condenado esta conducta.

Entre tanta demagogia e hipocresía uno termina por darse cuenta de que las palabras son sólo palabras y que tal como dice nuestro sabio refranero: “Obras son amores y no buenas razones”. Es triste comprobar como en este asunto no suele imperar el sentido común, es triste ver como instituciones que cuentan con el fervor de millones de creyentes se mueven en función de sus propios intereses, por lo que si hay que pasar por encima de miles de niños violados, se pasa y punto. Al final uno se da cuenta de que si necesitas que alguien te eche una mano, lo mejor es buscarla al final de tu brazo.

Un problema global

Publicado por Joan Montane lunes, 16 de marzo de 2009 3 comentarios

En más de una ocasión hemos presenciado sentencias judiciales relacionadas con algún caso de abuso sexual infantil que nos han escandalizado o llenado de incomprensión e indignación a partes iguales. Entonces concluimos que no se hace justicia, que las leyes no son las adecuadas o no se aplican atendiendo al sentido común, o bien que algunos magistrados están muy lejos de contar con una preparación específica en este campo ni con la sensibilidad que requiere un caso de A.S.I. Y estamos en lo cierto; eso es lo que ocurre. Pero ¿realmente es este el problema? Pues no, tan sólo es una parte, ya que el problema es mucho más extenso. Sus tentáculos se extienden por todos los sectores sociales. El problema está en la sociedad, en las instituciones y en última instancia, y sobre todo, en la propia familia. Si falla este primer peldaño de la escalera, todo lo demás no se sostiene por ningún sitio.

Uno se imagina que ante la evidencia del A.S.I. todos terminarán situándose al lado de la víctima o del superviviente; bien se trate de un menor o de un adulto que ha hablado por primera vez de este asunto tan oculto y silenciado. Por desgracia, lo que uno se imagina que debería ocurre poco tiene que ver con lo que la realidad nos demuestra día a día y caso a caso. La familia, cuando no tiende a posicionarse del lado del agresor, toma una postura ambigua o poco comprometida. Los que interpretan el abuso sexual infantil como una asunto de máxima gravedad y consideración y actúan como cabría esperar, componen una pequeña minoría que a todos nos debería hacer pensar como es posible que ocurra algo así.

Si desde las estructuras más básicas, como es la familia, sucede las cosas de este modo, difícilmente vamos a poder exigir actuaciones y responsabilidades de mayor envergadura a estratos sociales superiores. Es obvio que no arraigarán. Como se suele decir, conviene empezar la casa por los cimientos, y los cimientos de la sociedad se sustentan en las familias.

El problema, en definitiva, empieza con cada uno de nosotros, y de nosotros depende revertir una situación tan intolerable como inadmisible en nuestra pretendidamente adelantada sociedad del siglo XXI.

Lo que me sorprende

Publicado por Joan Montane martes, 3 de marzo de 2009 8 comentarios

Debido a la escasez de estadísticas y de estudios efectuados sobre este asunto, la mayoría de quienes hablamos de A.S.I. solemos utilizar las mismas; esto es, las que efectuó el catedrático de Salamanca Félix López hace ya demasiados años, y que básicamente nos dicen que un 20% de la población ha sufrido algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 17 años. Dichas estadísticas sorprenden a más de uno. Parece imposible pensar que uno de cada cinco niños que ves en la calle, en la escuela o en tu propia familia haya tenido que pasar por esto o que lo esté pasando; tal y como lo estoy viviendo hoy mismo con mi propia pareja y su niña.

Cuando se llevan años de lucha, de investigación, de documentación y de comprensión de una realidad tan inquietante, no son las cifras lo que más me sorprende, sino la impasibilidad, la incapacidad y la ignorancia que rodea todo este asunto. Y por encima de todo me sorprende que en un país que se considera avanzado, este tipo de delitos sigan produciéndose con la más absoluta impunidad.

Decía antes que un 20% de la población es o ha sido abusada. ¿Qué cantidad de abusadores hay detrás de este 20%? Sin la menor duda un número con bastántes dígitos. ¿Y cuantos de estos delincuentes hay en la cárcel? Mucho me temo que podríamos contarlos con los dedos de una mano. Eso es lo que en verdad me sorprende.

Está claro que hay algo en el sistema que no funciona, por no decir algo más fuerte, y que hay que implementar protocolos más efefctivos en todos los campos. Y lo que es más importante; lograr que se apliquen rigurosamente, porque de poco sirven las leyes si hay un desconocimiento flagrante y una consiguiente aplicación de las mismas absurda y perjudicial para el menor.

Sigue habiendo mucho por hacer. Pero lo haremos, aunque nos dejemos la piel en el intento.

Sigo por aqui

Publicado por Joan Montane lunes, 2 de marzo de 2009 2 comentarios

La verdad es que siento no poder atender al blog como me gustaría, pero la cierto es que ahora mi situación es bien distinta. Mis prioridades, mi tiempo, incluso el acceso a internet es ahora bastante complicado. Hay muchas cosas que se van asentando poco a poco. Cada vez mejor, eso sí. También hay responsabilidades que requieren toda mi concentración. De hecho, y como dice el título de este post, sólo quería deciros que sigo por aquí y que tan pronto como sea posible iré retomando la dinámica habitual del blog.

Un abrazo a tod@s.

Cambios

Publicado por Joan Montane sábado, 14 de febrero de 2009 18 comentarios

La vida es una sorpresa. La mía era bien tranquila hace apenas un par de meses, dedicándose, eso sí, a hacer todo cuanto estuviera en mi mano, para luchar contra la lacra de los abusos sexuales infantiles. Hasta ahora lo había hecho con todos los medios a mi alcance pero, por decirlo de algún modo, desde "detrás de la barrera".

Hoy mi vida ha sufrido cambios importantes; un divorcio, cambio de residencia y de muchos aspectos que antes formaban parte de mi cotidianeidad. Hoy soy la pareja de alguien cuyo hija está siendo abusada por su ex. Ahora estoy en primera línea, con unas responsabilidades bien distintas, con unas perspectivas y una realidad más inquietante, con una impotencia que debe controlar el sentido comun para no empeorar una situación en la que la justicia, para variar, resulta totalmente inoperante.

No sé adonde se dirijen mis pasos. Quizá me quede sólo en esta lucha. A veces piensas que si la justicia es una mierda, mejor la tomas por tu cuenta. Pero no; esta no es la solución. No queda otra que seguir luchando.

Un abrazo a tod@s.

Leer más en Suite101: Añadir Artículos de Suite101.net a página web http://www.suite101.net/pages/site_widget.cfm#ixzz0gRg1vmyP

Buscar este blog