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Testimonio abuso sexual de Verónica (1ª parte)

Publicado por Joan Montane miércoles, 7 de abril de 2010

Creo que mi padre empezó a tocarme desde que tengo uso de razón. Recuerdo que era muy pequeña cuando le pedía a mi padre que me rascara la barriguita o que me subiera al caballito. Él, entonces, me tocaba las partes. A mí me gustaba y me hacía sentir especial. Que inocente fui.

Lo siguiente que recuerdo fue una vez que me llamó a su habitación y cuando llegué el estaba desnudo en la cama. Me pidió que me acercara, cogió mi manita y la puso en su pene. No estoy segura de los detalles; lo único que sé es que le masturbé y me fui. En aquellos momentos debería tener unos 7 u 8 años.

A partir de entonces empezó a venir muchas noches a mi cama para que le tocara, y yo sólo pensaba -ya esta el pesado aquí, que no me deja dormir- Y entonces se lo hacía rápidamente para que me dejara en paz.

No es fácil ubicar en el tiempo, de una manera correlativa y coherente, recuerdos, sensaciones y hechos. Se que algún tiempo después, todos los sábados a las siete de la mañana, cuando mi madre se iba a la peluquería, él venía a por mí y me llevaba a su habitación. En esa época, primero me tocaba a mí y luego yo a él. Sé que no era normal pero creo que me gustaba.

Recuerdo que en aquellos tiempos pasaba muchas horas con mi padre. El venía al colegio a por mí y nos íbamos al campo, hablábamos, hacíamos los deberes juntos, e incluso cuando cumplí once años me enseñó a conducir. También me contaba que con mi madre no le iban bien las relaciones sexuales, que era muy sosa... hasta recuerdo haberle dado consejos. En ocasiones me contaba que tal o cual hermano, en el colegio, había hecho esto o aquello y que los habían llamado para hablar con el profesor. Poco a poco me convertí en su pareja.

Me gustaba hablar con él; me contaba como era su vida de pequeño o como había llegado a montar el negocio. En el colegio no tenía amigas, nadie quería sentarse conmigo, así que me sentía querida por él.

Llegó un momento en que comprendí que aquella situación no era normal. Él me decía que un amigo suyo hacía lo mismo con su hija.

Cada vez me daba mas asco besarle, tocarle y que me tocara. Era horrible; me consolaba con que sólo era un rato, un poco más de una hora, y todo se terminaba.

Él lo tenía todo preparado; el colchón, el vídeo, el TV, películas porno, revistas... todo en la empresa. Incluso en cierta ocasión, cuando yo tendría unos once o doce años, compró una cámara y a escondidas lo grababa todo. Me dijo que no quería enseñármelo, que era para él, pero finalmente pensó que sería una buena idea que lo viéramos juntos para ver donde fallábamos y si podíamos mejorar la relación. Recuerdo que sólo miré unos segundos el vídeo. Me sentí tan sucia que cerré los ojos. Cuando mi padre se dio cuenta que no lo estaba viendo, se enfadó.

A la empresa íbamos todos los sábados, y entre semana, una o dos veces como mínimo. Lo tenía todo bien montado para que no lo pillaran; puso llave en las oficinas, que sólo tenía él, y cerraba todos los días. De este modo, si alguno de mis hermanos se acercaba por allí, al verlo cerrado, no sospecharían. Incluso aparcaba el coche lejos para que no lo vieran, y aún en el caso de que lo hubieran visto, decía haber cogido la moto para ir al campo y dejado allí el coche.

Para que no supieran que estaba con él, me obligaba a decirle a mi madre que me iba con unas amigas a la biblioteca, entonces quedábamos en un sitio y él me recogía. Luego, cuando volvíamos, me dejaba primero y se iba. Quince minutos después aparecía como si nada.

¿Cómo le decía yo que no me gustaba lo que estábamos haciendo? Al fin y al cabo nunca me había negado, y cuando me preguntaba si me gustaba, alguna vez le dije que si ¿cómo le iba a decir ahora que no? Algunas veces me decía que la gente no lo entendía, que tenían celos de que nosotros nos lleváramos tan bien. Después me preguntaba si me gustaba, y que si no quería seguir que se lo dijera, pero lo preguntaba de una forma que sabías que no ibas a poder negarte, pero tampoco podía decir que si. O sea que generalmente no respondía.

Lo peor fue cuando él me propuso la penetración; me dijo que lo que estábamos haciendo no estaba mal para una niña, pero ahora ya era una mujer. Así que me hizo prometer que el día de mi cumpleaños, cuando cumpliera los 15, me convertiría en una persona adulta.

Tenía tanto miedo, cada vez que se acercaba a mí y me preguntaba si estaba preparada... El decía que lo estaba, que lo tenía todo preparado, dijo que había comprado vaselina, nuevas revistas y películas para el gran día.

Y llegó el día. Cumplo los años el 30 de junio, así que no tenía colegio. Intenté por todos los medios pasar cada momento del día con alguien; con mis hermanos, mi madre, lo que fuera para no ir, pero mi padre, en un momento que estaba sola, me dijo “¡que haces! Ya lo tengo todo preparado, vamos”. Me hizo subir al coche y nos fuimos a la fábrica.

3 comentarios

  1. Terrible, pobre criatura y que indefensión,no puedo ni imaginar el terrible tormento infligido, por el que se supone había de degenderla de todos los peligros.
    Un beso
    Nela

     
  2. Anónimo Says:
  3. Maldito enfermo,como puede un hombre adulto,un padre tener ese tipo de relación con su hija,es lo más enfermizo que nunca imaginé,este tipo de degenerados no tiene perdón.
    Ssiento mucho lo que te pasó,solo espero que seas feliz,que puedas seguir con tu vida.FUERZA.

     
  4. lenore Says:
  5. Es terrible lo que tuviste que vivir, que clase de mounstro hace algo asi, con su propia sangre.
    Que fuerza la tuya, que valiente eres.

     

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