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Los abusos de la Iglesia católica

Publicado por Joan Montane domingo, 24 de mayo de 2009 5 comentarios

Irlanda, a raíz el informe sobre los casos de abusos sexuales que se perpetuaron durante décadas en las instituciones estatales regentadas por religiosos católicos, ha saltado a la primera página de casi todos los periódicos. En España menos, todo hay que decirlo. Será que aquí no ocurren estas cosas.

Para quienes estamos familiarizados con este asunto, esta noticia no supone ninguna sorpresa. Primero porque somos muy conscientes de que se trata de una pandemia mundial, y segundo porque lo sucedido en Irlanda hace mucho tiempo que se sabía. Solo que ahora ha salido el informe y es noticia. Hasta que se olvide.

Es curioso lo mucho que nos escandalizamos por estos hechos y lo poco que hacemos al respecto. Eso es así porque esta justificada indignación la podemos focalizar lejos de nuestro entorno. Ahora bien ¿y si sucede en nuestras propias narices? Entonces nos indignamos mucho menos.

La mayoría de los abusos sexuales a menores son perpetrados por miembros de la propia familia. Según mis estimaciones estaríamos hablando, aproximadamente, de un 60%. El resto de esta lista negra la conformarían conocidos que tienen acceso al menor, como profesores, monitores, amigos de la familia, vecinos y también miembros del clero, entre otros. Sólo una pequeña proporción, entre el 5% y el 10%, estaría compuesta por desconocidos. Quien escribe pertenece al 60%.

Es difícil definir el problema del abuso sexual infantil con una sola palabra, pero si me viera en la tesitura de tener que escoger una, esta sería el silencio. Sobre todo el silencio de quienes padecimos esta lacra, una situación que se produce con demasiada frecuencia y fácilmente comprensible en el momento en que se conocen a fondo las secuelas, así como las consecuencias que tiene a todos los niveles armarse de valor para señalar con nuestro dedo acusador al culpable. Y cuando el culpable es una institución tan poderosa como la Iglesia Católica las posibilidades de obtener justicia parecen una quimera.

Uno creería que en estos casos las adhesiones deberían ser unánimes. Pero no es así. El ganador de esta infame batalla suele ser el agresor. Nuestro silencio ha otorgado una impunidad casi absoluta a los agresores. Y todos somos responsables. Si mi lucha va hacia alguna parte es, precisamente, a romper esta lacerante cadena.

Me gustaría pensar que en pleno siglo XXI no pueden ocurrir hechos tan flagrantes como los de Irlanda, que todo está legalmente tipificado, que las denuncias se interponen y que la justicia actúa como cabría esperar, sin importar quienes son los culpables. Pero las cifras nos enfrentan con una realidad tan distinta como decepcionante. Basta señalar que un 20% de la población ha sufrido algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 17 años. ¿A cuantos abusadores equivale esta cifra? A muchos, sin duda. ¿Cuántos hay en la cárcel? ¡Investiguen! Se llevarán una sorpresa.

A día de hoy denunciar a un agresor, máxime si se trata de un familiar y más aún si es la propia pareja, no es ninguna garantía de que se resuelva este problema a favor de los intereses del menor, que al fin y al cabo es lo que debería interesarnos por encima de cualquier otra consideración. ¿Acaso no tenemos los medios para evitar tanta negligencia? Existen protocolos de actuación, profesionales capacitados, asociaciones que se ocupan específicamente de este asunto y personas que aquí y allá, y en la medida de nuestras posibilidades, andamos picando piedra. ¿Qué es lo que falla entonces? La respuesta es tan lamentable como cierta: casi todo.

Se suele dictaminar que un menor está siendo víctima de abusos sexuales cuando los hechos consumados ya no permiten otra alternativa, pero este caso no es el más común. Buena parte de los abusos sexuales no están asociados a la violencia tal como la entendemos, por más que el abuso sexual, al menos por lo que a mí respecta, ya es un acto de violencia en sí mismo. Así pues, la mayoría de los abusos sexuales dejan más huellas psicológicas que físicas. La tendencia generalizada, a falta de la buena praxis, termina diluyéndose en una vergonzosa inhibición.

Hay que señalar, también, que no es fácil llegar a la certeza de que se está produciendo un abuso sexual. Se requiere mucha preparación y conocimiento. Pero es posible. Sólo hay que implementar los medios y, sobre todo, reconocer una realidad que nos afecta a todos. Si las instituciones supuestamente preparadas para acometer estos casos se inhiben con una pasmosa facilidad aduciendo que no hay suficientes pruebas, cuando en realidad el protocolo, la sensibilidad y el sentido común brillan por su ausencia, si quienes tienen que aplicar la ley desconocen las implicaciones de lo que supone ser víctima de abusos sexuales y por tanto incapaces de reconocer las secuelas y el perfil, tanto de la víctima como la del perpetrador, y por último, si la sociedad prefiere mirar hacia otro lado cuando el asunto les toca de más de cerca de lo que están dispuestos a asumir, el resultado no puede ser otro que esta lacra endémica que llevamos soportando a lo largo de tantos años de silencio, de prejuicios y de desinformación.

Denuncia de ASAPMI

Publicado por Joan Montane viernes, 22 de mayo de 2009 1 comentarios

ASAPMI – Asociación Argentina para la Prevención del Maltrato Infanto-Juvenil – hace saber a la comunidad que un gran número de profesionales que intervienen en casos de abuso sexual infantil y maltrato, están siendo difamados y amenazados a través de diferentes páginas/sitios de internet, con pintadas y volantes en la zona céntrica de Tribunales y por mails de grave contenido a las casillas particulares, por personas que se sintieron afectadas por sus intervenciones profesionales en las instancias judiciales en las que fueron denunciadas, con la intención de amedrentarlos y mellarlos en su defensa y protección de los/as niños/as afectados, intentando de este modo impedirles cumplir su función profesional.

Estas personas se presentan a sí mismas como víctimas, intentan desresponsabilizarse absolutamente por los hechos que derivaron en la instancia judicial en la que los profesionales actúan, ya sea como abogados/as o como peritos, cuando sus dictámenes o conclusiones no los favorecen.

Es muy importante que la publicidad de estos hechos llegue a la comunidad, para que ésta no se vea sorprendida en su buena fe, y la defensa de los niños/as abusado/as sea la prioridad, tal como lo indica el cumplimiento de la Convención de los Derechos de la Niña, Niño y Adolescente.

Estos ataques han hecho necesaria la presentación antes las instancias judiciales correspondientes – civil y penal.



Comisión Directiva de ASAPMI – www.asapmi.org.ar

Una buena noticia... pero no tanto

Publicado por Joan Montane lunes, 18 de mayo de 2009 6 comentarios

Un hombre que abusó de su hija "en reiteradas ocasiones", desde 1999 hasta 2006, cuando la pequeña tenía entre tres y diez años, ha sido condenado por un juzgado de San Sebastián a seis años de cárcel por un delito continuado de abusos sexuales y otro de maltrato psíquico habitual.

Según la sentencia del caso, a la que hoy ha tenido acceso Efe, a consecuencia de la actitud de su padre, la menor presenta actualmente "síntomas de maltrato emocional, como comportamientos autoagresivos y de agresividad hacia los demás, así como sintomatología depresiva con sufrimiento infantil".

La niña "pega, muerde e insulta y padece un retraso cognitivo y problemas de socialización", como "aislamiento y rechazo", por lo que "carece de amigos y de relación con sus iguales", además de presentar "síntomas de abuso", como "interés y conductas sexualizadas inadecuadas para su edad".

Los hechos se iniciaron en 1999, en la vivienda familiar de Zumarraga, donde el padre acudía a la habitación de la niña "con ánimo de atentar contra la libertad sexual de la menor" y "prevaliéndose de su especial vulnerabilidad" por "razón de su edad" abusaba sexualmente de ella.

Además, cuando la madre no se encontraba en el domicilio, seguía a la menor al cuarto de baño, donde también abusaba de la niña, hasta que la progenitora regresaba.

Régimen de visitas

Una vez que el procesado y la madre de la pequeña se separaron, el imputado continuó con su actitud aprovechando el régimen de visitas de la menor todos los martes y los domingos alternos, aunque esta vez en su propio domicilio.

Durante estas estancias, el hombre no permitía que la niña acudiera al comedor del colegio ni a actividades extraescolares, como practicar deporte o ir a excursiones y "ni siquiera le permitía jugar, realizar las tareas de la ludoteca municipal" o "quedarse en la calle jugando con otros niños, de tal manera que la pequeña pasaba las tardes aislada en casa, viendo la televisión".

La sentencia explica que los hechos se descubrieron porque, a pesar de que su progenitor le dijo que no contase lo sucedido y el miedo que la pequeña le tenía, la niña confesó a su profesora que no quería ver a su padre porque abusaba de ella.
Posteriormente, la madre se enteró de lo que ocurría porque "le llamaron del colegio y se lo contaron", y la psicóloga también "detectó que pasaba algo raro por los dibujos que hacía" la menor.

Para condenar al padre, la sentencia se basa en el testimonio de la niña a la que da total credibilidad, apoyándose en los informes psicológicos que "no dejan lugar a dudas sobre la existencia de abusos sexuales y de un maltrato psíquico prolongado en el tiempo" durante el que la pequeña "sufrió aislamiento y prohibiciones injustificadas que le impidieron relacionarse debidamente con otros niños de su edad, lo que finalmente ha terminado por afectar a su normal desarrollo".

El texto judicial reprocha al padre el perjuicio que ha causado a su hija que ha visto "perturbado su bienestar" y que ha "dificultado de manera dramática su desarrollo social y cognitivo".

Por este motivo le impone tres años de cárcel por un delito continuado de abusos sexuales y otros tres por un delito de maltrato psíquico habitual. Además el procesado no podrá ejercer la patria potestad durante seis años y no podrá comunicarse ni aproximarse durante cinco años a su hija, a la que también deberá indemnizar con 30.000 euros.

Podríamos pensar que al final se ha hecho justicia. Pero lo malo es que se ha hecho al final. Aunque a veces ni esto. La mayoría de las veces no ocurre nada hasta que han pasado demasiados años. Lo sé más bien de lo que quisiera. Es lamentable que haya que esperar a que el daño esté hecho para que se pueda hacer algo. Y más lamentable es aún que demasiadas veces no se pueda hacer nada en ningún caso, a pesar de que los abusos sean incuestionables.

Aborto, un tema delicado

Publicado por Joan Montane viernes, 15 de mayo de 2009 8 comentarios

En estos últimos días se está debatiendo bastante sobre el aborto con motivo de las nuevas leyes que se acaban de aprobar. En principio, tanto en este blog como en el foro donde se abordan los abusos sexuales, trato de evitar ciertos asuntos como la religión, la política y otros asunto sobre los que cada cual tienen su propio parecer y que en nada deben influir sobre lo que realmente nos interesa, o sea los abusos.

El aborto es uno de esos temas donde cada cual tiene su posicionamiento, y de entrada no me gustaría debatir sobre ello, sin embargo encuentro que existe una relación muy directa con los abusos. Quizá uno de los aspectos más controvertidos sea la posibilidad de que las menores de 16 años ya puedan decidir abortar sin el consentimiento expreso de sus padres. Es obvio que aquel que se muestre contrario al aborto, todavía lo estará menos con esta medida.

Todos sabemos cuales son los grandes problemas que giran en torno al abuso sexual infantil: el silencio, el secretismo y la poca ayuda y atención en general que se presta a esta lacra. Según las estadísticas la mayoría de los abusos se producen en el seno de la familia, y dentro del entorno familiar es el padre quien ostenta el lamentable honor de ser el primero en esta nefasta lista de abusadores. De ahí que me pregunte ¿qué ocurre cuando un padre deja embarazada a su hija? También aquí cada cual tendrá su propia opinión, pero a mi me parece que la opinión más importante es la de la propia afectada. Sin duda se trata de una auténtica tragedia se haga lo que se haga, pero que al menos la víctima tenga la opción de decidir sobre algo que marcará su vida, considero que es lo mínimo que se puede esperar.

No me resulta sencillo ponerme en la piel de una mujer, y menos en la de una niña de 16 años que va a tener un hijo de su propio padre. Pero que me nieguen el derecho a decidir sobre algo tan grave y sobre lo que no tendría ninguna culpa... en fin, es un asunto de lo más complejo. Lo dejo abierto porque me parece que se presta a muchas opiniones.

El abusador sexual de menores

Publicado por Joan Montane sábado, 9 de mayo de 2009 4 comentarios

Aprovechando que estoy en este resbaladizo terreno, me parece necesario aclarar que un pedófilo es una persona a la que le atraen sexualmente los niños, pero que no abusa necesariamente de ellos, al contrario que un pederasta, que, por definición, abusa de niños, no siendo estos necesariamente su única preferencia sexual. Esto es importante tenerlo en cuenta. Y es que la persona a la que me refería, y parece ser que no es la única, me comentaba que se cortaría las manos antes de abusar de un menor. La pedofilia es una inclinación sexual que, para algunos, supone una dura lucha en la que se impone su conciencia y su sentido común. Por desgracia, y como muy bien sabemos, no siempre es así.

¿Quién es el agresor?, ¿Cómo podemos reconocerlo?, son preguntas exentas de una respuesta que nos aclare demasiadas dudas. El agresor puede ser y estar en cualquier parte, aunque en mayor medida se trata de un familiar. Otra encuesta en efectuada en el foro nos da una imagen bastante clara sobre la identidad del agresor. En una muestra de ciento cincuenta y nueve participaciones, se obtuvieron los siguientes resultados. Un aspecto que también quiero mencionar es que entre esos ciento cincuenta y nueve agresores había ocho mujeres, lo que indica una abrumadora mayoría de agresores masculinos, sin que por ello debemos obviar la realidad de la existencia de las agresoras. Si quienes padecimos abusos solemos quejamos de nuestra invisibilidad social, un niño que padeció abusos de una mujer todavía puede sentirse más bicho raro. Las secuelas son las mismas, puede que incluso peores. Pero vayamos a los resultados:

El padre (madre): 25%
El hermano (hermana): 23%
El tío: 15%
El abuelo: 6%
Un conocido: 27%
Un extraño: 4%


De aquí se desprende que un 69 por ciento de los abusos fueron perpetrados por un familiar, mientras que el 31 por ciento restante fue alguien ajeno a la familia, aunque casi siempre un conocido.

Existe la creencia, tal vez demasiado generalizada, de que un niño abusado se convertirá en un futuro adulto abusador. Eso es algo que la mayor parte de las veces, y por fortuna, no se corresponde con la verdad. Es cierto que la posibilidad existe, pero a la mayoría de nosotros no nos ha ocurrido. De hecho, es un comentario que nos suele molestar bastante. No podemos negar que un número indeterminado de abusadores fueron agredidos sexualmente en su infancia; sin embargo, la tergiversación aparece cuando se intenta aplicar la misma teoría a la inversa. Es entonces cuando se produce la falsedad. Pensemos por un momento: si lo hiciéramos así, el 20 por ciento de la población que es abusada en su infancia, según estimaciones bastante fiables, se convertiría a su vez en abusadora, con lo que, potencialmente, a ese teórico 20 por ciento le faltarían víctimas infantiles de las que abusar, y más aun si tenemos en cuenta que un abusador de menores suele ser reincidente, por lo que no se conformará con una única víctima. Afortunadamente, esta progresión geométrica es tan falsa como imposible.

En mis investigaciones, sólo me he tropezado con una estadística que hablaba de un 12 por ciento de agredidos que en su adultez reprodujeron el mismo patrón. Eso indicaría que uno de cada ocho corre este riesgo, aproximadamente. Las estadísticas que yo manejo, aunque más modestas, están todavía bastante más alejadas de esos números. Pero sea cual sea la estadística que consultemos, siempre existirá una duda más que razonable en relación con la fiabilidad de unos datos que se ocupan de un asunto sobre el que pocos hablan con absoluta sinceridad. Lógico, por otra parte. Pero ya puestos, tampoco estaría de más disponer de las estadísticas de la población no abusada, en la que también se reflejara que tanto por ciento se ha convertido en agresor sexual. Después de todo, quién sabe si la proporción entre ambos segmentos de población no difiera demasiado.

Pero regresemos al núcleo de la cuestión, y hagámoslo planteando la pregunta clave: ¿tiene una explicación lógica que una persona que ha padecido abusos sexuales termine convirtiéndose en un abusador? De tenerla, la tiene, aunque la primera impresión nos induzca a creer lo contrario.

No desees para los demás lo que no deseas para ti. Esa debería ser la premisa que nos moviera a todos. Después de tanto sufrimiento, tanto dolor y tanto miedo, lo más coherente sería que nuestras acciones y pensamientos se encaminaran a lograr que nadie tuviera que pasar por lo mismo. Y así sucede la mayoría de las veces. Conozco cientos de personas abusadas para las que semejante comportamiento resulta impensable. Pero deberemos asumir que también existe el polo opuesto, y que en ambos casos habrá que seguir buscando una explicación en los abusos que se padecieron en la infancia.

Nadie duda de que el aprendizaje es uno de los factores más importantes para la formación de una persona. Y también sabemos que uno de los períodos donde más vamos a desarrollarla será durante nuestra niñez. Cuando en esa etapa tan trascendente de nuestra vida se abusa sexualmente de nosotros, y más aun cuando lo hace un familiar directo, la interiorización de esas conductas erróneas puede convertirse en una forma más de aprendizaje, un aprendizaje traumático y desnaturalizado, sin duda, pero aprendizaje al fin y al cabo.

En esas circunstancias, se origina una especie de desdoblamiento donde, por una parte, intuimos que aquello no está bien, pero por otra, también es lo que nos han inculcado aquellos en quienes confiamos y de quienes fuimos dependientes. Cada uno lo ubicó como pudo en su propia realidad, y puede ocurrir que terminemos aceptándolo como una manera más, aunque enfermiza, de relacionarnos. Se trata de un proceso difícil de explicar. Hablando sobre ello, más de uno expresaba recordar haber vivido aquellas situaciones como algo normal. En realidad, no creo que lo viviéramos con normalidad, sino que teníamos la imperiosa necesidad de normalizarlo y, por consiguiente, construimos nuestro particular mundo donde aquello tuviera cabida. Una simple cuestión de supervivencia. Ni más, ni menos.

El caso es que esta terrible disyuntiva puede derivar en una lucha para controlar ese comportamiento que nos inculcaron, una lucha que podemos ganar o que, en algunos casos, podemos perder, y lo que es peor, será una pérdida que afectará a futuras víctimas.

Este jueves en Telemadrid

Publicado por Joan Montane martes, 5 de mayo de 2009 14 comentarios

A raíz del caso de Lydia Bosch, conocida presentadora de TV en España, que ha denunciado a su exmarido por abusos sexuales a su hija, este próximo jueves habrá un debate en Telemadrid en el que participaré. Se emitirá bastante tarde, creo que a partir de la 1 de la madrugada, o sea que si hay alguien con insomnio y que sintonice la cadena, ahí me verá.

Siento no poder publicar en el blog tanto como quisiera, pero de momento ando mal de tiempo y de logística.

Un abrazo a tod@s.

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