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El abusador sexual de menores

Publicado por Joan Montane sábado, 9 de mayo de 2009

Aprovechando que estoy en este resbaladizo terreno, me parece necesario aclarar que un pedófilo es una persona a la que le atraen sexualmente los niños, pero que no abusa necesariamente de ellos, al contrario que un pederasta, que, por definición, abusa de niños, no siendo estos necesariamente su única preferencia sexual. Esto es importante tenerlo en cuenta. Y es que la persona a la que me refería, y parece ser que no es la única, me comentaba que se cortaría las manos antes de abusar de un menor. La pedofilia es una inclinación sexual que, para algunos, supone una dura lucha en la que se impone su conciencia y su sentido común. Por desgracia, y como muy bien sabemos, no siempre es así.

¿Quién es el agresor?, ¿Cómo podemos reconocerlo?, son preguntas exentas de una respuesta que nos aclare demasiadas dudas. El agresor puede ser y estar en cualquier parte, aunque en mayor medida se trata de un familiar. Otra encuesta en efectuada en el foro nos da una imagen bastante clara sobre la identidad del agresor. En una muestra de ciento cincuenta y nueve participaciones, se obtuvieron los siguientes resultados. Un aspecto que también quiero mencionar es que entre esos ciento cincuenta y nueve agresores había ocho mujeres, lo que indica una abrumadora mayoría de agresores masculinos, sin que por ello debemos obviar la realidad de la existencia de las agresoras. Si quienes padecimos abusos solemos quejamos de nuestra invisibilidad social, un niño que padeció abusos de una mujer todavía puede sentirse más bicho raro. Las secuelas son las mismas, puede que incluso peores. Pero vayamos a los resultados:

El padre (madre): 25%
El hermano (hermana): 23%
El tío: 15%
El abuelo: 6%
Un conocido: 27%
Un extraño: 4%


De aquí se desprende que un 69 por ciento de los abusos fueron perpetrados por un familiar, mientras que el 31 por ciento restante fue alguien ajeno a la familia, aunque casi siempre un conocido.

Existe la creencia, tal vez demasiado generalizada, de que un niño abusado se convertirá en un futuro adulto abusador. Eso es algo que la mayor parte de las veces, y por fortuna, no se corresponde con la verdad. Es cierto que la posibilidad existe, pero a la mayoría de nosotros no nos ha ocurrido. De hecho, es un comentario que nos suele molestar bastante. No podemos negar que un número indeterminado de abusadores fueron agredidos sexualmente en su infancia; sin embargo, la tergiversación aparece cuando se intenta aplicar la misma teoría a la inversa. Es entonces cuando se produce la falsedad. Pensemos por un momento: si lo hiciéramos así, el 20 por ciento de la población que es abusada en su infancia, según estimaciones bastante fiables, se convertiría a su vez en abusadora, con lo que, potencialmente, a ese teórico 20 por ciento le faltarían víctimas infantiles de las que abusar, y más aun si tenemos en cuenta que un abusador de menores suele ser reincidente, por lo que no se conformará con una única víctima. Afortunadamente, esta progresión geométrica es tan falsa como imposible.

En mis investigaciones, sólo me he tropezado con una estadística que hablaba de un 12 por ciento de agredidos que en su adultez reprodujeron el mismo patrón. Eso indicaría que uno de cada ocho corre este riesgo, aproximadamente. Las estadísticas que yo manejo, aunque más modestas, están todavía bastante más alejadas de esos números. Pero sea cual sea la estadística que consultemos, siempre existirá una duda más que razonable en relación con la fiabilidad de unos datos que se ocupan de un asunto sobre el que pocos hablan con absoluta sinceridad. Lógico, por otra parte. Pero ya puestos, tampoco estaría de más disponer de las estadísticas de la población no abusada, en la que también se reflejara que tanto por ciento se ha convertido en agresor sexual. Después de todo, quién sabe si la proporción entre ambos segmentos de población no difiera demasiado.

Pero regresemos al núcleo de la cuestión, y hagámoslo planteando la pregunta clave: ¿tiene una explicación lógica que una persona que ha padecido abusos sexuales termine convirtiéndose en un abusador? De tenerla, la tiene, aunque la primera impresión nos induzca a creer lo contrario.

No desees para los demás lo que no deseas para ti. Esa debería ser la premisa que nos moviera a todos. Después de tanto sufrimiento, tanto dolor y tanto miedo, lo más coherente sería que nuestras acciones y pensamientos se encaminaran a lograr que nadie tuviera que pasar por lo mismo. Y así sucede la mayoría de las veces. Conozco cientos de personas abusadas para las que semejante comportamiento resulta impensable. Pero deberemos asumir que también existe el polo opuesto, y que en ambos casos habrá que seguir buscando una explicación en los abusos que se padecieron en la infancia.

Nadie duda de que el aprendizaje es uno de los factores más importantes para la formación de una persona. Y también sabemos que uno de los períodos donde más vamos a desarrollarla será durante nuestra niñez. Cuando en esa etapa tan trascendente de nuestra vida se abusa sexualmente de nosotros, y más aun cuando lo hace un familiar directo, la interiorización de esas conductas erróneas puede convertirse en una forma más de aprendizaje, un aprendizaje traumático y desnaturalizado, sin duda, pero aprendizaje al fin y al cabo.

En esas circunstancias, se origina una especie de desdoblamiento donde, por una parte, intuimos que aquello no está bien, pero por otra, también es lo que nos han inculcado aquellos en quienes confiamos y de quienes fuimos dependientes. Cada uno lo ubicó como pudo en su propia realidad, y puede ocurrir que terminemos aceptándolo como una manera más, aunque enfermiza, de relacionarnos. Se trata de un proceso difícil de explicar. Hablando sobre ello, más de uno expresaba recordar haber vivido aquellas situaciones como algo normal. En realidad, no creo que lo viviéramos con normalidad, sino que teníamos la imperiosa necesidad de normalizarlo y, por consiguiente, construimos nuestro particular mundo donde aquello tuviera cabida. Una simple cuestión de supervivencia. Ni más, ni menos.

El caso es que esta terrible disyuntiva puede derivar en una lucha para controlar ese comportamiento que nos inculcaron, una lucha que podemos ganar o que, en algunos casos, podemos perder, y lo que es peor, será una pérdida que afectará a futuras víctimas.

4 comentarios

  1. Anime Says:
  2. Estimado Joan: Admiro y quedo sorprendida muchas veces por la temática que tratas en tu blog.. Este es un tema escabroso que muchos sobrevivientes de ASI hemos tocado en nuestras sesiones de terapia, y que nos deja un poco movilizados e intranquilos. Tienes razón en cuanto a que algunos sobrevivientes, siguiendo el aprendizaje que han recibido, muestren conductas abusivas respecto de menores, pero tambien existe un grupo mayoritario, a Dios gracias, que entendemos que el sufrimiento por el que hemos transitado no debe ser la justificación para actos similares. A muchos sobrevivientes les incomoda plantearse el tema, pero no podemos negar que esta latente y que en las sociedades se ha inculcado falsamente tal criterio. Es una de las falsedades contra las cuales debemos luchar y me alegra que lo estés tocando tan seriamente. No todos los que abusan sexualmente fueron víctimas de la misma aberración. Como en todo aspecto existen dos posibilidades, una de las cuales es la mas sabia y sana, colaborar y ayudar para que no existan mas víctimas, fomentar la comunicación y la información respecto al abuso y por sobre todo servir de sostén a quienes como nosotros han padecido el horror o lo han vivido de cerca. Gracias nuevamente. Saludos

     
  3. Graciela Says:
  4. hola Joan!!! son como estigmas que las sociedades ponemos. Yo no tengo estadísticas, solo cuando hablo con un adolescente casi adulto abusado: no existe la idea de hacerlo con los demás, no he escuchado decir lo haré porque me lo hicieron.
    Podría haber repetido la historia con mis hijas, maltratarlas, no quise eso para ellas.
    Creo que las personas ante situaciones difíciles, tratan de curarse para no incidir sobre lo que lo ha dañado...mis besos!!!

     
  5. Anónimo Says:
  6. Hola Joan, yo sólo quiero decir que yo aprendi con el dolor, aprendi a que jamás en la vida se le debe causar ese dolor a un niño, aprendí a que a los niños hay que respetarlos y quererlos, aprendi que hasta del barro brotan hermosas flores y que hasta una manzana podrida puede albergar la vida, por eso aunque me embarraron, me ensuciaron y me quitaron lo más hermoso que tiene una persona su infancia y su inocencia, yo aprendi de ese dolor, no sé si aprendí bien pero yo sólo me quedé con parte de esa enseñanza la que me decía DA EL RESPETO A LOS DEMÁS QUE A TI TE NEGARON SIEMPRE HAY COSAS SAGRADAS EN ESTA VIDA COMO LOS NIÑOS

     
  7. Anónimo Says:
  8. hola yo solo quiero que alguien me ayuden a a detener un intento de abuso por parte de un familiar muy cercano que trato de abusar de su hija

     

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