Cuando estuvimos muertos

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Un camino con obstáculos

Publicado por Joan Montane lunes, 1 de junio de 2009

A lo largo de estos años uno llega a la conclusión de que el problema del abuso sexual infantil tiene demasiadas ramificaciones, demasiados frentes abiertos, demasiado trabajo por hacer y poca gente para hacerlo.

He insistido en varias ocasiones en el hecho de que la mayoría de abusos se producen en el entorno familiar, sin embargo sigue habiendo la percepción, en buena medida debido a la cobertura mediática que reciben, de que su incidencia tiene más que ver con las redes de pederastia que operan por Internet y con los casos donde está implicada la iglesia. Es obvio que ambos deben ser perseguidos y denunciados, como no puede ser de otro modo. Para quienes conocemos la verdadera realidad de los abusos, esta situación nos parece que está actuando como chivo expiatorio que tranquiliza la conciencia social pero que esconde mucho más de lo que muestra. Da la impresión que todos estamos de acuerdo en condenar estos actos aberrantes y que en ningún caso se pueden tolerar. Pero ¿es esto realmente así? Lo es en parte.

La condena del abuso sexual infantil la ejercemos sin fisuras siempre y cuando no nos afecte de un modo más o menos directo, pero como decía antes, una elevada proporción de los abusos se da en el seno familiar. ¿Quién denuncia entonces? ¿Quién hace algo? Por desgracia son pocos los que hacen algo, y parafraseando lo que escribió Martin Luther King, lo peor no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos.

Nos queda la esperanza de que poco a poco son más los que se atreven a denunciar, una esperanza que se diluye cuando comprobamos que buena parte de dichas denuncias quedan en nada y se convierten en un infierno para el denunciante. Eso por no hablar del menor abusado, que tiene que seguir viéndose con el abusador.

¿Cuál es el panorama actual? Bastante desolador para quienes no estamos dispuestos a dejarnos engañar. Antes no se hablaba de esto. Ahora se habla. Pero la información que se trasmite no recoge la realidad, sino una pequeña parte que, probablemente sin intencionalidad, no hace más que distorsionar el problema.

Cuando escribí mi primer libro “Cuando estuvimos muertos”, un editor me comentó que era muy bueno, pero que estos temas no venden. Durante los siguientes cinco años no creo que se hayan producido grandes cambios. El abuso sexual infantil sólo “vende” en determinadas circunstancias, y aunque al menos sirva para que se hable de ello, hacen poco a la hora de aportar soluciones o abrir nuevas vías que permitan avanzar por el camino correcto.

El abuso sexual infantil es un asunto con muchas complejidades que requiere una profunda especialización desde todos los ámbitos e instituciones implicadas. A día de hoy nos encontramos con que hay pocos medios, poca sensibilización para hacer frente a la raíz del problema, una lamentable inclinación a no querer ver las evidencias, tanto a nivel particular, social e institucional, y una información sesgada que impide que seamos conscientes de la gravedad y de las secuelas que arrastra una persona que ha sido víctima de abusos sexuales en su niñez.

Cada especialista en su campo tiene sus propias limitaciones, sin que por ello pretenda dar a entender que deben extralimitarse, pero es muy cierto que si alguien se muestra en exceso beligerante con un sistema que hace agua por todas partes o simplemente trata de llevar a cabo su trabajo atendiendo a las evidencias, se encontrará con más problemas que facilidades. Y en ocasiones denuncias.

Es evidente que la tendencia a demostrar que el abuso no se ha producido es casi un dogma institucional. Tampoco quiero que se me malinterprete; todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero hay tantas reticencias a querer demostrar culpabilidades en estos asuntos que no es de extrañar lo que nos dicen las estadísticas, así como la obvia conclusión que podemos sacar de las mismas. Todos los estudios efectuados en nuestro loado y autosatisfecho primer mundo nos indican que aproximadamente un 20% de la población ha sufrido algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 17 años. Con estos números deberíamos preguntarnos ¿dónde están los agresores? Y la respuesta es que siguen en sus casas, con sus respetables empleos y sus no menos respetables familias. Y nadie sabe nada. O mejor dicho; en muchos casos, nadie dice nada. Y así nos va.

5 comentarios

  1. cosechadel66 Says:
  2. Vengo desde El Mosquitero. No conocía tu blog, pero me he propuesto hacerlo, así que me dedicaré a ello. Creo que me veras más por aquí.

    Animo

    Carpe Diem

     
  3. José Luis Says:
  4. Lo realmente pavoroso es el hecho de los números que se trabajan; es tremendo, en el caso del tristemente célebre y último caso de Irlanda se calculan que hay 35.000 casos de niños abusados en 30 años de impunidad, claramente si traducimos eso al promedio de abusos dentro de la familia o con algún conocido este número se amplia de manera geométrica.

    Ahora, en el caso de la Iglesia se ha hecho muchos esfuerzos por mantener las identidades de los clérigos en el anonimato, ¿Porque? ¿Tal vez siguen ejerciendo sus funciones? O simplemente para mantener sus blancos y puros espíritus donde deben estar.

    Y lo más frustrante, que del lado de las familias pasa lo mismo, porque han prescrito los crímenes o las víctimas ni siquiera son conscientes de lo que les ocurrió.

    Es muy complejo y la única manera es usar a los medios para difundir, cosa complicada en esta sociedad consumista, donde si algo no vende, pues no existe. Tal vez el Internet de una manera sirva para que la gente se entere; para los que tienen acceso a este servicio..

     
  5. JoanMontane Says:
  6. Hola cosechadel66 y José Luis.
    La verdad es que cuando te pones a pensar en los números te encuentras con una realidad que la mayoría prefiere no creer. Esa es una de las razones por las que puse en marcha este foro. Me parece importantísimo poder difundir cual es la realidad, más allá de lo que se cree o de lo que nos transmiten los medios. Y no sólo de los números, sino de las consecuencias que tiene el abuso sexual infantil.
    Me alegra saber que volverás por aquí José Luis. Y cuantos más seamos mejor. Y cuanta más opinión y más debate mejor.

    Un abrazo.

     
  7. Mery Jane Says:
  8. La verdad es que tienes mucha razón en todo Joan, pero casi lo peor es el silencio en estos casos. Yo creo que el silencio en este caso es cómplice claro del delito, sobre todo dentro del propio círculo familiar.
    Nadie se atreve a denunciar, por razones varias, quizás por un posible estigma social que viene detrás, o por miedo. Pero sí que es complejo para todo y desde muchos puntos de vista.

     
  9. sentimientos Says:
  10. Joan acabo de leer lo que has escrito y también los comentario, este tema es muy doloroso y complicado, más aún cuando es la propia familia la que comete y calla el abuso, la victima se encuentra con grdes muros a su alrededor entre ellos el del amor/odio por que por un lado odia a su agresor y también a sus encubridores y por otro lado es su propia familia la que le ha destruido, por eso es tan importante que a la menor sospecha ese niño/a sea apartado del entorno de los agresores por que crecerá con grandes secuelas, luego cuando por fin consigue hablar le dicen que debe olvidar que todo quedó en e pasado que siga con su vida, por un lado siente la rabia y la impotencia de que a nadie parece importarl por otro lado siente que son las personas con las que estuvo tanto tiempo con las que creció, sus padres, sus hermanos y a los que no puede llamar familía por que le han destruido,ante todo esto ¿qué puede hacer la victima si el delito ya ha prescrito y no puedo hablar antes por que es un dolor tan intenso que ni siquiera puede hablar de él ? ¿crees que su dolor prescribe alguna vez? ademá de todo esto encuentra personas llamadas profesionales que le dicen que tiene que olvidar que lo que le ocurre es una depresión profunda que siga el tratamiento psicologico y mirae para otro lado ¿Joan que salida tiene la victima ante todo esto? ¿es que aún la sociedad no es consciente del trauma, del inmenso dolor que significa un abuso infantil?

     

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