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El temor a triunfar

Publicado por Joan Montane martes, 27 de enero de 2009

Entre los efectos negativos producidos por el abuso sexual, quisiera destacar uno que nos afecta a muchos: la escasa valía que nos concedemos cuando nos compararnos con los demás. Pareciera como si el éxito no esté a nuestro alcance. Y ciertamente, con nuestra actitud, no lo está en absoluto. Pero hay más.

Crecemos con el convencimiento de no merecer las cosas buenas que nos puedan pasar. Adoptamos actitudes que ponen continuamente en tela de juicio nuestra posible valía. Tanto es así que llegamos a boicotear nuestros propios proyectos, acciones o ideas. Esta forma de actuar no es más que una inconsciente estrategia autodestructiva donde damos los pasos necesarios (o dejamos de darlos) para no lograr nada de lo que nos proponemos. ¿Por qué actuamos así?

Hemos sobrevivido en un limitado mundo de carencias emocionales. La costumbre y el miedo han hecho de nosotros personas temerosas e incapaces de soportar alteración alguna. Cualquier cambio nos hace imaginar peligros inexistentes, cuando lo único peligroso es la vida quehemos aceptado. Los mecanismos que nos sirvieron para sobrevivir ahora se vuelven contra nosotros.

Vivimos atrapados por nuestro pasado. Cualquier esfuerzo para cambiar esta situación ha desembocado en el fracaso. La suma de tantas cosas negativas no nos induce al optimismo, pero del mismo modo que el presente es la suma del los momentos pasados, podemos hacer que el futuro sea la suma de los momentos presentes, por eso el cambio es posible, y por eso debemos reinterpretarlo.

No somos capaces de vencer ese miedo paralizador, compañero inseparable, y enfrentarnos a nuevas y enriquecedoras situaciones que nos permitan acceder a un mejor conocimiento de nosotros mismos. Lo que a unos les parecería enriquecedor a nosotros nos parece inquietante, incluso doloroso. ¿Cuál es el mayor dolor, sino el de conocernos a nosotros mismos con la inseparable realidad de unos abusos que no podemos olvidar? Y tan siquiera la falta de recuerdo nos sirve, ya que las secuelas nos seguiran como una sombra siniestra.

Nos perdimos en un tiempo de escasos recuerdos, tal vez con el único recuerdo de ese dolor insoportable. Ya no es el dolor del cuerpo, sino el que sufre el alma. Nos perdimos en un mundo de silencio que nos atacó a traición, tal vez disfrazado con la máscara del cariño. Nos robó los sueños, la alegría y el futuro. Y hoy vivimos un tiempo vacío, sin grandes penas ni alegrías, lleno de mediocridad, asomados a la ventana de la vida, pero sin vivirla, sin más ambición que ver llegar otro día tan vacío como el anterior. Paradójicamente, aprendimos a llevar esta vida con la sonrisa puesta, como si en realidad no nos estuviera sucediendo nada. Y mientras tanto, en nuestro interior, aquel niño desvalido sigue llorando en la infinita soledad de aquel tiempo lejano en el que quedó atrapado. Sigue perdido en ese mundo donde nadie estuvo a su lado para decirle que no se preocupara, que todo iba bien, que el no tenía la culpa... Pero en ese mundo no había nadie.



El triunfo

¿Cómo vamos a triunfar si ya desde el primer momento nos arrebataron las herramientas para hacerlo?

Lo primero es recuperar la fe en nosotros mismos. Después vendrá la confianza, la seguridad, la autocrítica constructiva, la capacidad de seguir evolucionando y otros valores esenciales que hasta ahora no han sido más que quimeras inalcanzables. Una loable aspiración convertida en tabú. Llegó el tiempo de romper los viejos esquemas y alcanzar la cúspide de nuestras posibilidades.

Tratemos de examinar nuestra vida objetivamente, intentando cambiar poco a poco todo aquello que nos disguste. Dialoguemos, expresando de la mejor manera que sepamos nuestros pensamientos ante las personas que en verdad nos pueden comprender. Modifiquemos, detalle a detalle, aquellas actuaciones cuya inocuidad para nuestra actividad diaria hayamos podido contrastar.

El miedo patológico siempre genera una grave distorsión de la realidad, y nos conduce hacia un camino donde el conformismo frena nuestros pasos, convirtiendo el resultado de nuestros temores, incapacidades e irresponsabilidades en un amargo fruto que después sólo vamos a poder dulcificar con el autoengaño.

El miedo siempre está presente, tanto para los valientes como para los cobardes. Es el termómetro que mide nuestro grado de valentía a la hora de enfrentarnos a los desafíos de la vida. Hasta el momento nuestro termómetro ha estado bajo cero, pero a partir de ahora, lo que veíamos como un obstáculo insalvable, deberemos verlo como una oportunidad de subir un peldaño más en la escalera del éxito personal. Ya no podemos conformarnos con ver llegar ese último día en que miremos atrás y no veamos nada.

4 comentarios

  1. Marta Says:
  2. El miedo,la inseguridad es en todo ser humano aceptable, losretos son el desafio, deellos llegamos a tomar en cuenta dejando señales en el camino de que todo es posible, incluso hastaretroceder para analizarse,el miedo es libre y como tal destaca en todo ser humano, de todo se aprende pero mucho mas de los fracasos, por lo tanto la memoria ya se encarga de ponerle el antídoto al recuerdo, mejor no recordar, ni lo malo, ni lo bueno tirar hacia adelante con el bagaje a cuestas de la necesidad de seguir caminando,reconociendo siempre que el YO supremo que hay en nosotros puede, pero...sin obviar los temidos autoengaños tal fáciles de tomar, pero que impiden el avance, la fuerza puede ser nuestra única baza, y soportar el dolor como si de una estirpación se tratara, el cirujano somos nosotros mismos y cada vez el cuerpo se resiste, se trata solo de resistir, he aquí la cuestión.

    La suerte no es para quien la quiere, sino alque le viene, pero no es cierto hay quetrabajarsela, con la agudeza de un halcón y los ojos puestos en un punto para sobrevivir, a veces lo que nos rodea no es como parece.

    Profundo análisis, solo le faltala praxis.

    Con el desaliento en ansiedades, se que mañana bailaré, tengo un objetivo de águila, sort Joan, demuestraté a ti mismo que puedes y no te hacen falta cargas adicionales, eso solo es repetir la pelicula que ya viste.

    Marta

     
  3. Marta Says:
  4. Además triunfar que es?

    alcanzar ser solo un ser humano, parecido a otros seres humanos que repetiran sin cesarlos tropezones, es un soplo la vida, respira.

     
  5. Joan ya tendrán psicólogos que les enseñen a no temer al triunfo, me refiero a derrotar a las imágenes que los persiguen...tienes un MIMO a repartir a todos los del foro en:
    http://gracielaroth.blogspot.com/2009/01/2-caricias-al-corazon.html
    Que te encuentres muy bien y mis besos!!!

     
  6. nandara Says:
  7. Nos perdimos en un tiempo de escasos recuerdos, tal vez con el único recuerdo de ese dolor insoportable. Ya no es el dolor del cuerpo, sino el que sufre el alma
    ----------------
    A veces siento que, cuando intento recordar, yo misma me bloqueo para no volver a aquel tiempo. Porque intento recordar y son nebulosas, sólo sensaciones.
    Igual que recordar sueños, prácticamente no recuerdo ninguno.
    Lo del conformismo y autoengaño me llega al alma. :(
    Lo del conformismo

     

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