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Las múltiples caras del abuso

Publicado por Joan Montane jueves, 23 de julio de 2009

Para emitir juicios sobre el abuso sexual infantil convendría ser muy consciente de lo que significan y de las múltiples formas que pueden adoptar. Es el mínimo exigible para todos aquellos que tienen en sus manos decisiones que pueden afectar de por vida a personas que sólo pretenden que se haga justicia, bien sea denunciando unos hechos acaecidos hace tiempo, para lo cual debería modificarse la ley, o bien denunciando unos hechos que están ocurriendo en tiempo presente, para lo cual la ley parece mirar siempre hacia otro lado.

Quizá podríamos disculpar a la población en general por su desconicimiento del tema, pero cuando se trata de supuestos expertos en la materia, la exigencia debería ser máxima. Es absolutamente demencial que se estén emitiendo todo tipo de juicios a lo largo de un proceso pervertido y contaminado por el desconocimiento, cuando no por la mala fe.

Las cifras no nos dejan lugar para la duda. Por poco que hagamos números llegaremos a la conclusión de que hay muchos miles de abusadores. Sin embargo, y teniendo en cuenta de que estamos hablando de un delito, comprobaremos que las condenas brillan por su ausencia y que en las cárceles encontraremos de todo, excepto padres, tíos, abuelos, hermanos, etc. que hayan abusado de un menor. Las cuentas no salen.

Hay muchos aspectos de manual que no se aplican y otros cuya aplicación es justo la contraria de la que debería ser. A las altas instancias no les interesa nada meterse en según que casos. No se busca hallar indicios que conduzcan a demostrar que haya habido abusos, sino a desmontar cualquier prueba encaminada a demostrarlos. Cualquier madre que haya denunciado un abuso por parte de su pareja a su hijo sabrá muy bien de lo que hablo.

Es hasta cierto punto lógico que a la mayoría, cuando pensamos en el abuso sexual infantil, nos venga a la mente la imagen de un menor que ha tenido o que tiene que soportar un verdadero infierno. No pretendo decir que esta imagen no se corresponda con la realidad, pero si importa señalar que existen otras muchas realidades que a su vez tienen otros muchos matices. De ahí que considere tan importante conocer muy bien el tema que estamos tratando.

Ese pretendido infierno no siempre es vivido por el menor como tal, lo que no significa que en el futuro no pueda llegar a desarrollar igualmente graves secuelas. El grueso de los abusos es perpetrado por un familiar, siendo la figura paterna la que ocupa el primer puesto de esta nefasta lista. El niño depende de su entorno familiar y siente un amor natural hacia su familia, con o sin abusos. Por desgracia continúan prevaleciendo ideas tales como que el menor no quiere a su abusador. Puede darse el caso, según sean los abusos, pero no es lo más frecuente. Sobre esta base se siguen estableciendo juicios totalmente erróneos y perjudiciales para el menor. Y no sólo para él, sino para quien pretende liberarlo de esta situación que, tras pasar pasar por otro tipo de infierno, llega al final del camino con todas las puertas cerradas y con un menor que seguirá siendo abusado.

El menor no sólo puede querer a su abusador, sino que puede erigirse como su defensor e incluso justificar sus actos. "Es que no se da cuenta cuando hace eso" decía una niña de cinco años. Si no podemos contar con el menor y las instituciones actúan con una negligencia indignante, poco podemos hacer. Salvo contar la verdad y sacar toda la mierda escondida bajo la alfombra.

Todos los niños buscan el amor de sus padres, y esa es el arma que utiliza el abusador para llevar a cabo sus abyectos fines. Para el niño es casi imposible distinguir donde termina el juego y donde se inicia un abuso. Tan siquiera es consciente de la existencia de tal concepto. A lo más que se acerca es a ser consciente de tener un secreto que no puede contar a nadie; un secreto que en el futuro le reportará secuelas de diversa gravedad.

Uno se pregunta como es posible que en el año 2009 todavía estemos así en una materia tan sensible como el abuso sexual infantil. Pero esa es la realidad.

4 comentarios

  1. María José Says:
  2. Es cierto, un menor desconoce qué eso que le ocurre es un abuso, que eso no se hace, que es un delito.
    Suelen estar engatusados, chantajeados psicologicamente, y eso posteriormente, cuando son conscientes de lo que les ocurrió, les crea un tremendo trauma.

    Es urgente que se tomen medidas y se modifique la ley.

    Un saludo.

     
  3. sentimientos Says:
  4. Que pena me da todo esto por has descrito la realidad de esta situación y como bien dices el menor quiere a su familía y la va a seguir queriendo, incluso a veces hasta la defendera aunque dentro de ella este su abusador y sus encubridores, pero si a ese menor se le aparta de esas personas que le destruyen y se le da la oportunidad de tener una vida normal al lado de personas normales que le respeten y quieran seguramente que las secuelas cuando sea un adulto seran menores, hay un gran vacio legal en todo esto, hay victimas que mueren sin hablar y otras que hablan y ven como todo cae en saco roto hasta el punto de preguntarse si valió la pena decirlo, algunos niños mueren por que sus agresores acaban con ellos, otros callan por miedo, por verguenza y por mil cosas más pero cundo se hacen adultos aunque sigan respirando por dentro llevan una parte que jamás van a recuperar esa parte que le robaron de una forma vil y para la que no existe la justicia por que el delito ha prescrito por que han pasado los años, sin darse cuenta de que si han pasado mucho años es por que cuando a un niño le pasa esto le deja una secuela tan grande que hasta que no se siente un poco seguro cuando ya es un adulto y se da cuenta que ya no le van a poder hacer más daño hasta ese momento no puede hablar, esa es la realidad de esta horrible situación de este crimen que queda sin castigo y en muchos casos los verdugos de ese niño los que abusaron de él cuando era sólo una criatura pasan a ser las victimas a los ojos de la sociedad, esto no tiene excusa ninguna pero si además es su propia familía ¿que pena impondría este adulto que cuando era un niño indefenso su familiar abuso de él y los demás lo callaron? esta persona jamás impondría una pena a sus verdugos por eso eso jamás debe quedar en manos de la persona que fue agredida en su infancia si no de la justicia que es la que debe tomar medidas, un saludo y espero que esto cambie algún día

     
  5. Balovega Says:
  6. Hoy quiero daros un abrazo y deciros que espero que vuestro verano sea de lo mejor.. nos vemos en septiembre..

     
  7. marisa Says:
  8. en mi caso fue un primo hermano entre 10-12 años mayor que yo. claro el abuso se dió porque siendo un bebé tienes una referencia de lo que es el cariño, necesitas reconocimientos, besos, abrazos, que te digan qué bien lo haces, cuánto te quieren, que bonita eres y todas esas cosas.

    realmente te das cuenta de que ha sido abusos y violaciones cuando se te abre la memoria y todo aflora, te das cuenta de que no está bien pero no piensas en que él es el culpable si no que tú eres la culpable, que eres una puta por consentirlo, por buscarlo, por quererlo, entonces cómo vas a decirlo, cóo contarlo, cómo entenderlo si no yo mismo lo entendía.

    jamás había oído hablar de abusos sexuales en la infancia, no fuí consciente hasta ver un documental y ponerme directamente a vomitar, ahí tomé conciencia, pero tardé 11 años de mi vida en poder verbalizarlo en una crisis post-traumática. tenía ya 36 años. todo había preescrito, pero y mi dolor? ese todavía no había preescrito, estaba en el pico más alto.

    no es que pasen a ser víctimas ellos de la sociedad sino de la familia, de su entorno, le justificarán con cualquier cosa, ¡pobre, si era un chaval! o cosas así, te critican porque destruyes a su familia porque él tiene hijos, ¡toma y yo!

    me siento orgullosa de haber escrito una carta, no sólo a él sino a toda la familia suya que tambien era la mí, a personas que no tenían nada que ver con la familia pero salían en las páginas blancas del pueblo para que todos se enteraran de lo que hizo. sé que no me creyeron pero más de una/o habrá evitado que esté cerca de sus hijos.

    ojalá las leyes cambiaran y que éste tipo de delitos no preescriban nunca.que las penas fueran mas duras, que se les trate como terroristas, porque lo son y que a nosotros se nos reconociera como víctimas y no como locos. que la sociedad se incomode con ellos y no con nosotros.

    un abrazo

     

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